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 La vida humana es un tesoro

En esta situación de pandemia, con la necesidad imperiosa de que todos hemos de permane­cer en casa para cuidarnos y cuidar a los demás de los con­tagios y poder detener la en­fermedad, si bien es cierto que estamos perdiendo nuestro ritmo de vida ordinaria, traba­jo, escuela, economía, estilos y prácticas de vida, también hay un tesoro de incalculable valor que hemos de cuidar, proteger y defender, es la vida humana.

El libro del Génesis 2,7 di­ce que “Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y re­sultó el hombre un ser vivien­te”. El ser humano recibe de Dios el don de la vida, es el pri­mer regalo que Dios le entrega y sin este don, el hombre no tie­ne nada; su misión de dominar y perfeccionar la tierra le vie­ne precisamente de la vida que ha recibido y que lo hace seme­jante a su Creador, tiene capaci­dad de pensar y de amar, es una persona con una gran dignidad desde su primer momento por la concepción en el seno mater­no hasta su último momento por la edad o la enfermedad.

La vida humana tiene un valor incalculable en simis­ma, independientemente de que una persona sea pobre o ri­ca, bueno o malo, estudiado o no, cualquiera que sea su con­dición moral o religiosa, niño o anciano. El primero de los dere­chos humanos es el derecho a la vida, por eso en el artículo 1° de la Constitución Mexicana dice que todas las personas gozarán de los derechos humanos reco­nocidos en esta Constitución y en los tratados internaciona­les de los que el Estado Mexi­cano sea parte, asícomo de las garantías para su protección. Por eso cuando Dios creó todas las cosas en la naturaleza las puso al servicio de la vida hu­mana. Nuestros Gobiernos, los científicos y profesionales de la tecnología siempre tendrán la obligación de trabajar para pro­teger y defender la vida de todos.

Ahora que la familia está reunida en la casa, tenemos la oportunidad de valorar la vida de cada uno de sus miembros, de cuidar la vida de los niños, de los abuelos o los padres an­cianos; ellos son muy impor­tantes y valiosos, hemos de protegerlos en extremo como nuestros tesoros y darles todo nuestro cariño y atención.

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