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julio 30, 2021

Columnistas

La UDLAP: la forma es fondo

Sin duda, la Universidad de las Américas Puebla forma parte de la vida de muchos tabasqueños. Esta importante institución hoy vive uno de los momentos más difíciles, extraños y confusos de su historia.

El tema es largo. William O. Jenkins nació pobre en Tennessee, Estados Unidos, llegó a México, específicamente a Puebla, en 1905. Para el año 1954 era uno de los hombres más ricos y poderosos de nuestro país, gracias a una historia de trabajo, visión, negocios al margen de la ley y complicidades políticas con Maximino Ávila Camacho y su hermano, el presidente de la República, Manuel Ávila Camacho.

En 1954 Jenkins creó la Fundación Mary Street Jenkins, en honor de su fallecida esposa, con la finalidad de “hacer todo lo que tendrá como resultado el mejoramiento del nivel de vida, tanto moral como material, de los habitantes del estado de Puebla”. La fundación quedó establecida a perpetuidad y determinó que el capital de la institución NO debía ser utilizado por NINGÚN motivo, y que los actos de beneficencia debían provenir únicamente de los intereses o productos generados por ese capital.

Así pues, la inmensa fortuna quedó en la fundación y ésta fue controlada durante muchos años por Manuel Espinosa Yglesias. Tras su muerte, los descendientes de Jenkins recuperaron el control de la fundación, y crearon con ayuda de abogados y de funcionarios, todo un esquema financiero, fiscal y jurídico, en el que determinaron USAR el capital de la fundación, “donándolo” (más de 720 millones de dólares) a una nueva institución de interés PRIVADO, que cambió su domicilio fiscal a Barbados y posteriormente a Panamá.

No se necesita ser un genio para identificar un saqueo multimillonario, donde están coludidos políticos al más alto nivel, abogados y la familia Jenkins. El mismo rector, Luis Ernesto Derbez, exsecretario de Relaciones Exteriores y de Economía, se ve involucrado al haber participado con los Jenkins, en la conformación y participación como socio, en otra empresa que se dedicó a administrar parte de los bienes que se obtuvieron de la Fundación Jenkins original.

Una novela digna de una película, pero que pone en riesgo la operación de la UDLAP, el Colegio Americano de Puebla y que además, fue manejada de una forma pésima en materia de comunicación, por parte del Gobierno de Miguel Barbosa Huerta.

Ver a la policía armada tomar las instalaciones de una universidad privada, solo ocurre en Venezuela. La razón jurídica puede asistir este acto, pero señor Gobernador, ¡comunique!

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