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Foto: La Jornada

“La poli me pisa los talones y tú me ayudarás a perderlos”, así violaron a más de 20 mujeres

El hombre la internó a la zona de los árboles más frondosos. Recargada en un árbol, Candita no tuvo más remedio que aguantar su rabia

La frase siempre ha sido la misma. Las víctimas, distintas. El agresor, al parecer, también es el mismo. Está ligado a más de 20 ataques de carácter sexual. Su detención tuvo lugar en el parque Tamayo de la Alcaldía Miguel Hidalgo. Ahí entre el bosque, Francisco, de 33 años, cometió su ultima fechoría de la temporada. No se puede decir que sea la última de su vida delictiva, pues ya se sabe cómo se la gastan las autoridades.

“La poli me pisa los talones y tú me ayudarás a perderlos”. Es la frase que recuerdan las infortunadas víctimas, como una cruel pesadilla.

El rostro del tipo ha quedado clavado en sus mentes desde el momento en que por una broma del destino se cruzaron en su camino.

Días antes ya se había corrido la voz de que un violador serial andaba rondando la Miguel Hidalgo.

El arma era un viejo pero filoso cuchillo, con el que amedrentaba a las víctimas. Así lo hizo con Gema, con María, con Rebeca, Monserrat, Laura, Sofía, Cristina y Vanessa. Pero también se sabe que hubo algunas que, por ese temor de verse vulneradas en su intimidad, prefirieron no denunciar.

Las que sí lo hicieron, se arriesgaron a que en algún momento fueran revictimizadas ante la mirada de algunas de las autoridades ministeriales.

La última de sus víctimas, Candelaria, salía del metro Chapultepec, con dirección a Polanco. Iría a visitar a su hermana, quien trabajaba en una casona de Polanco.

Candy, como le dicen sus amigas, jamás imaginó que sería atacada en pleno Reforma. Pero así fue, esa noche la principal avenida de México, se convertía para ella en la más peligrosa. Así lo sintió cuando por detrás, sigilosamente, un sujeto rodeó su cuello con el antebrazo, a la vez que le acercaba un viejo cuchillo cebollero a la altura de la yugular.

La fría hoja del arma no hizo más que sobresaltar su de por sí congestionada respiración.

“La poli me pisa los talones y tú me ayudarás a perderlos, muévete, rápido”.

De esa manera, y sintiendo su sangre helada agolparse en su aorta, accedió a la amenaza. El hombre la internó a la zona de los árboles más frondosos. Recargada en un árbol, Candita no tuvo más remedio que aguantar su rabia e impotencia ante las bajas pasiones del depravado sujeto.

De manera cuasiangelical, elementos del Sector pertenecientes a Seguridad Ciudadana daban uno de sus habituales rondines. Al ver los estrobos de la sirena, el hombre bajó la guardia. La frágil Candelaria sacó fuerzas desde sus adentros y pudo zafarse de su captor. Corriendo, gritando y llorando logró salir al paso de la patrulla.

El binomio de policías actuaron pulcramente. Mientras la oficial Mirna socorría a Candy, el valiente agente Juan corría detrás del malvado sujeto.

Resultó llamarse Francisco y a sus 33 años ya era buscado por las autoridades tras una serie de delitos similares que venía ejecutando.

Otras versiones apuntan a que no coincide con la descripción de las otras víctimas, por lo que al momento de detenerlo no se sabía si era o no el violador serial. Características como cicatrices, la altura, incluso la forma de la nariz, hacen dudar a las autoridades.

Pero su modus operandi, el arma y la temeraria frase que escucharon todas las víctimas antes de ser mancilladas, hacen que haya una esperanza de que el temido ultrajador esté ya tras las rejas.

Si el victimario siguiera suelto, para las mujeres, Paseo de la Reforma seguiría siendo el paseo del miedo.