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julio 25, 2021

Cuando fue al baño resbaló y se golpeó la cabeza, regresó a la cama para dormir, pero ya no volvió a despertar del lecho de su amante.

Centro

La muerte juntó a las dos mujeres

Don Miguel tenía días ausente del hogar. Estuvo tomando en casa de una amiga tres días. Se cayó y rompió la cabeza. Su esposa lo reconoció.

La doñita Ana «J» no tenía noticias de su esposo desde el día 30 de mayo, última vez que lo vio salir del domicilio, ubicado por la calle Camino Real San José, de la colonia Gaviotas Sur, había ido a trabajar.

Las ausencias de Miguel «G», que así se llamaba su esposo, no le quitaban el sueño a doña Ana, comprendía que ser guardia de Lo que sí le entrañó fue recibir una llamada de Benigna “C”.

Ella se dirigió al sitio convenido, donde ya la esperaba la mujer que la había llamado al teléfono.

Doña Ana tenía 45 años cumplidos, y doña Benigna contaba con 14 años menos. Ambas, después de saludarse, se subieron a un taxi con destino al hogar de esta última. En el camino, las dos se vieron de reojo.

SE ENCUENTRAN LAS DOS

Cuando llegaron a la ranchería Buena Vista Río Nuevo Segunda Sección, doña Ana fue invitada a pasar al interior del hogar de doña Benigna.

Entraron hasta un cuarto medio oscuro. Tendido sobre una cama estaba un hombre, solo llevaba un short negro puesto y parecía dormir plácidamente.

Doña Ana identificó de inmediato a su esposo. Así fue como le contó a doña Benigna que ella no tenía noticias de su marido desde el 30 de mayo. Guardó silencio cuando doña Benigna le comenzó a explicar lo sucedido.

TENÍA DÍAS BEBIENDO

A las 10:20 de la mañana arribó a la ranchería la policía, fueron recibidos por doña Ana y doña Benigna, pero fue esta última quien volvió a contar lo sucedido al señor Miguel.

Explicó que el finado había llegado a su domicilio desde el domingo, y que le había referido que llevaba días bebiendo agua ardiente.

SE RESBALÓ EN EL BAÑO

Don Miguel bebió durante tres días. El miércoles en la noche se habría levantado de la cama solo para ir al baño.

Estaba aún briago y el piso húmedo. El hombre cayó y se golpeó la cabeza. En la casa de doña Benigna, ni ella ni su hijo, un menor de edad, escucharon ningún ruido.

Fue el jueves muy temprano, cuando ella se dirigió al baño, que encontró a don Miguel tirado en el suelo. Como pudo lo trasladó a la cama pero ya no despertó, llamó a un amigo de nombre Felipe. Fue así como se decidió a llamar a doña Ana, esposa del ahora finado.

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