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septiembre 26, 2021

El espacio de su periódico lo usa para mostrar sus fobias y simpatías.

México

La moral del dueño del diario Reforma

Alejandro Junco de la Vega ha estado relacionado con personajes conservadores de México y EU.

PRIMERA DE CINCO PARTES

 

CIUDAD DE MÉXICO.– Esta es la historia del diario Refor­ma, un proyecto periodístico con raíces entrelazadas a la so­ciedad más conservadora del país que extravió su rumbo y perdió credibilidad desde que su propietario, Alejandro Junco de la Vega, cambió su dirección editorial para enaltecer a una clase política empresarial que vive en opacidad, y, abiertamen­te, simpatizar con la derecha re­presentada por el PAN.

Los acontecimientos que re­gistra esta historia, muestran a Junco de la Vega como un hombre duro, ambicioso y sin escrúpulos que sacrificó la inde­pendencia editorial y la diversi­dad política de su rotativo por intereses coyunturales.

Su largo, publicado y, por lo tanto, conocido historial, rese­ña cómo el empresario y su her­mano, Rodolfo, despojaron a su padre e incluso intentaron ase­sinarlo para hacerse de los pe­riódicos El Sol y el Norte de la ciudad de Monterrey, antece­sores de Reforma, hoy con filia­les en Monterrey y Guadalajara, llamados El Norte y Mural, de acuerdo con un video en el que el anciano relata los hechos.

Apoyada con presuntos he­chos reales, muchos de ellos pu­blicados en la prensa nacional e internacional, ésta es parte de la historia de un magnate del pe­riodismo mexicano a quien, en lo que va de la actual adminis­tración, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha des­mentido en repetidas ocasiones, de manera abierta –durante sus conferencias matutinas–, las di­versas noticias “falsas” que ha publicado Reforma en primera plana.

 

“HA PROCURADO NO TOCAR A SALINAS”

“Mis diferencias con el Refor­ma son fundamentalmente por su postura conservadora. Es un periódico que surge en el go­bierno de Salinas (de Gortari Carlos), que ha procurado no tocar a Salinas que no cuestionó el saqueo del periodo neolibe­ral, que simuló que combatía la corrupción, señalando y acu­sando a funcionarios menores, a chivos expiatorios, que ayudó en el fraude electoral.

Esas son nuestras diferen­cias con el Reforma”, dijo el mandatario de origen tabasque­ño en una de sus conferencias.

Las diferencias entre el presidente López Obrador y el empresario periodísti­co, no son nuevas. Reforma legitimó la elección de 2006, apenas unos días después de los comicios al sentenciar: “el que ganó, ganó, y el que perdió que se dedique a otra cosa”. Desde entonces, el hoy jefe del Ejecutivo federal ha iden­tificado a Reforma como par­te de la prensa conservadora que se niega a abandonar sus privilegios, y como un aliado de los gobiernos de los expre­sidentes panistas Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa a quienes les solapó todo durante sus respectivos sexenios.

 

El Presidente Andrés Manuel López Obrador ejerce su derecho de réplica en sus conferencias cada que el Reforma miente con una paparrucha.

 

MUESTRA SUS SIMPATÍAS CON EX PRESIDENTES

Más allá de sus “cualidades” como hombre de negocios, el espacio de Reforma su dueño lo ha usado para mostrar sus simpatías por los dos expre­sidentes panistas y sus fobias por los expresidentes priís­tas: Ernesto Zedillo Ponce de León, aunque no tanto como a Enrique Peña Nieto, al que agarró como blanco de sus tendenciosos dardos. Quizá para medirlo, a Peña Nieto apenas obtuvo su triunfo, el 16 de julio de 2012, le publicó un artículo –“El comienzo del cambio: EPN”–, en el que da a conocer las tres primeras ini­ciativas de gobierno del mexi­quense. Seis años después, en su portada Reforma reprueba ese gobierno, al convertirlo en el Presidente saliente con las cifras más bajas de aproba­ción desde Zedillo.

Hoy, el empresario incita a su equipo de reporteros del Grupo Reforma a enfrentar al presidente López Obrador; pero se niega a hablarles de las imputaciones en su contra, y de los escándalos en los que se vio envuelta su hija por su re­lación con una secta sexual, a la que supuestamente tam­bién pertenecieron un hijo del expresidente Salinas y una hi­ja del expresidente Vicente Fox.

En un mensaje a sus tra­bajadores, transmitido el 27 de febrero pasado en la plata­forma digital de Youtube del Grupo de Reforma, compara al Gobierno de Venezuela con el del presidente López Obra­dor –sin mencionarlo por su nombre, por supuesto, pero refiriéndose a él en varias oca­siones mediante las acciones que ha emprendido su admi­nistración para desterrar la corrupción en el sector salud, como la compra consolidada de medicamentos o la cance­lación de la reforma educati­va–, y asegura que México está perdiendo libertades.

 

CON LOS CONSERVADO­RES DE EU Y MÉXICO

Desde su salida, el 20 de no­viembre de 1993, fue abierta y evidente la relación entre Re­forma y la derecha mexicana y estadounidense. Los lazos que unen a Alejandro Junco de la Vega con Estados Unidos no son casuales.

A mediados de 2014, finan­ció parte de la campaña del entonces aspirante republi­cano al Senado por Texas, Ted Cruz. Estos nexos se conocie­ron al revelarse que Junco de la Vega pagó uno de los tres viajes que el republicano –ya como legislador– realizó en aviones privados.

El magnate mexicano pagó nueve mil dólares para com­partir un fin de semana con quien entonces era el repre­sentante del ala conservado­ra republicana en Washington quien, como precandidato presidencial, sería un férreo defensor de la construcción del muro fronterizo. “Si soy electo presidente, triplicaré la Patrulla Fronteriza. Construi­remos un muro que funcione. Aseguraremos la frontera”, sostuvo Cruz en un debate organizado por CNN el 15 de diciembre de 2015, frente al senador por Florida, Marco Rubio, su adversario.

Los documentos que Ted Cruz envió al Comité de Éti­ca del Senado, para transpa­rentar los movimientos del financiamiento recibido, mos­traron que un año antes, entre el 15 y el 18 de febrero, viajó desde Austin, Texas, a Ixtapa Zihuatanejo, Guerrero, en un avión propiedad de Alejandro Junco de la Vega.

No es casual que el empre­sario estuviera en la ciudad santuario de Austin.

Desde 2008 la tomó como refugio, cuando tuvo que auto­exiliarse de Monterrey junto con su familia, por las amena­zas que le lanzaron miembros del crimen organizado.

Cuando el Grupo Reforma logró consolidarse, con Junco de la Vega a la cabeza, el dia­rio El Norte siguió el mismo camino impuesto con grupos y personajes locales relacio­nados con el panismo conser­vador del norte del país, con el que incluso existió un lazo familiar que fue aprovechado por Fernando Elizondo Barra­gán, gobernador sustituto de Nuevo León en 2003, quien, durante los meses de mayor crispación política electoral y de confrontación, sugirió que “en pacas de periódicos de El Norte se transportaba cocaí­na”.

 

DESPOJÓ A SU PADRE DE SU PATRIMONIO

La historia del dueño de Re­forma –“personaje amoral, un despiadado que despojó a su propio padre de su patrimo­nio (…) Un millonario hablán­dole a millonarios o esbirros de millonarios de conquista de libertad…

El país ha sido de ellos y han hecho con él lo que les place por décadas, hasta aho­ra”, escribió uno de los inter­nautas para quien no pasó desapercibido el mensaje del empresario del 27 de febre­ro pasado transmitido en la plataforma digital de Youtu­be del Grupo de Reforma–, es un Thriller que revela las tru­culencias del poder, los entre­telones de lo que hubo antes y después del nacimiento del periódico Reforma.

Conocerla a cabalidad, se­rá entrar a los sótanos, las entrañas, a lo más bajo de la naturaleza humana. Es pues, una historia marcada por tres constantes: la ambición, el di­nero y el poder.

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