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Director Miguel Cantón Zetina
(Foto: Ramiro López)

La ley del machete

En menos de 24 horas, un hombre y una mujer en distintos lugares son tasajeados. Ella casi pierde su brazo izquierdo, a él le desprendieron la mano.

CHIAPA DE CORZO, Chiapas.- Dios creó todas las cosas, menos las espadas, los machetes y los cuchillos. Se dice que un espíritu maligno ronda siempre cerca de la empuñadura de una hoja afi­lada, lo hace para no aburrirse y mirar de vez en cuando su rostro deforme en el acero templado.

Sea que se trate de un peder­nal, un ulu, un verijero o un ma­chete, si por casualidad una mano humana toca en ese momento banal el espejo del demonio, éste desata su furia irracional contra aquella persona y no se aplacará hasta que haya habido suficientes lágrimas y sangre.

¿Cómo poder enten­der que el cuerpo joven y hermoso de Rosy hubiera llegado a la sala de emer­gencia del Hospital Gómez Farías, todo ensangrentado y macheteado?

En cada brazo desnudo se abría en canal su carne viva, dejando al descubierto sus tendones, nervios y huesos. Una de las heridas casi le desprende la mano izquier­da, a la altura de la muñeca. El otro corte estaba casi a la altura de su codo. Y tenía una herida más en su frente despejada.

Estaba con los ojos ce­rrados cuando fue bajada de la ambulancia. Las enferme­ras le colocaron de inmediato una bolsa de suero. Si no hu­biera tenido aquellas heridas espantosas, los testigos en la sala habrían mirado sus cejas perfectamente delineadas, sus arracadas enormes o el rojo acetona de las uñas de sus her­mosos pies.

Pero Rosy estaba allí por culpa de unos malditos que no habían sabido canalizar todas sus frus­traciones, todos sus rencores.

«Les hizo falta más leche ma­terna —dijo una anciana que contemplaba la escena imper­turbable.

«¿Cómo?», dijo un hombre que había llevado a su esposa al hospital porque estaba a punto de dar a luz.

«Nada. A esos malditos los destetaron antes de tiempo», fue todo lo que acotó.

 

LE CORTAN SU MANO

Las salas de emergencia son las antesalas del infierno aquí en la tierra. Llega de todo: salvajes caí­dos de sus motocicletas, heridos de bala y sobre todo machetea­dos.

Así llegó al hospital de Coatza­coalcos Emilio. Venía con playera azul y un bóxer, agarrándose lo que quedó de su mano izquierda con una camisa toda ensangrentada.

Cuando los paramédicos lo levantaron, el jueves a medio­día, estaba recostado en una pared, deteniendo la he­morragia de su muñón. La mano, su mano, es­taba tirada en el piso, con la palma hacia arriba, empolvada e inerte.

El herido no que­ría hablar, pero su acompañante reveló que varios descono­cidos agredieron a Emilio, señalándolo como un presunto ladrón de comercios en la comunidad de Mundo Nuevo.

Después de la operación, los mé­dicos informaron a los familiares que el herido estaba fuera de peligro, pero había sido imposible salvarle la mano.

En la hoja filosa del cuchillo, el maligno ejerci­ta sus muecas.