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Opinión

La formación educativa

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PEDRO GARCÍA FALCÓN

De conformidad con lo que señala el artículo 3º de la Constitución Federal, “El Estado impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior”.

Para los efectos de la presente quiero resaltar que, además, señala: “las maestras y los maestros son agentes fundamentales del proceso educativo y, por tanto, se reconoce su contribución a la trasformación social. Tendrán derecho de acceder a un sistema integral de formación, de capacitación y de actualización”.

El sistema de formación docente, si bien puede considerarse un buen sistema de capacitación, éste cada vez se alinea más a las políticas públicas en turno que al verdadero origen y fin educativo.

Actualmente los profesores son psicólogos, niñeros, consejeros, doctores y cuanto se les ocurran a quienes dictan los lineamientos educativos, que ahora, hasta de temas de vestimentas deben abordar para no caer en la discriminación.

Poco a poco se fue quitando la autoridad moral del educador, quien en sus inicios eran formadores de carácter y aptitudes, siendo LA VOCACIÓN su principal herramienta.

Se han perdido las participaciones y retroalimentación entre ellos, por las excesivas cargas laborales, y la vinculación con las comunidades, como los bailables, las declamaciones y demás actividades que hacían sentir vivo al sector educativo, y por supuesto, a la sociedad. Al disertar un maestro el “Poema del Padre”, ¿cómo no sentir?, o reflexionar, ¿cómo no reconocer o admirar al docente?; éste amor a su trabajo que fluía a simple vista.

En antaño, dejaban su lugar de origen para salir a comunidades poco accesibles y limitadas de todo servicio, dejando atrás a la familia, y limitando en gran medida las comodidades del hogar, como un alimento a tiempo, o dormir plácidamente en una cómoda cama; es el caso del Maestro Luis Gilberto Atocha Soberanis Perera, quien conoció el infierno verde en 1966, enviado directo a Tacotalpa, y posteriormente a la Secundaria Federal Jaime Torres Bodet; es un ícono en cuanto responsabilidad, trabajo, vocación y alegría, por lo que es, sin duda, uno de los pilares de la educación en Tabasco.

El bajo salario, las evaluaciones de PISA, la reforma educativa, los sindicatos, los exámenes de oposición, los diagnósticos y los consejos técnicos no dan la estabilidad y certidumbre para que un profesor encuentre el aliento debido para estar frente a grupo, dando lo mejor de sí, preparando metodología, implementando recursos y técnicas de aprendizaje, que los alumnos encuentren interés en la clase y no haya deserción; y si a eso agregamos la ignorancia o la total irresponsabilidad, ellos deben dar lo que el padre no, el afecto que en casa hace falta, el dinero para un alimento, la paciencia que no conocen, o simplemente, escuchar lo que sienten.

Quién tiene el don de abrir la mente y el corazón de un joven, para tomar la decisión de su vida, de que quiere ser de grande, bajo que profesión hará su vida, es el profesor en un aula escolar; mi abrazo y afecto para ellos.

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