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Un niño vestido de Juan Dieguito fue captado tomado de la mano de su madre en el Santuario.

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La fe está intacta; hoy la devoción es en silencio

Los miles de católicos no pudieron festejar como cada año, a causa de la pandemia; el Santuario abrió pero con medidas restrictivas.

La víspera de la celebración en honor de la Virgen de Guadalupe tuvo hoy una escena nunca antes vista. Los cientos de peregrinos y fieles católicos que acuden al Santuario a celebrarla como cada año, con música y serenata, reali­zaron una devoción menos tradi­cional y casi, casi, en silencio.

El Santuario Guadalupano, que ha llegado a recibir a miles de creyentes procedentes de di­ferentes partes de la entidad, hoy abrió sus puertas pero atrás que­dó el recuerdo de esa gran mul­tiud que se arremolinaba en el atrio.

En este escenario sólo Jesús García Vidal, de 86 años de edad, como cada año llegó a dejarle flo­res a la Virgen Morena.

La calzada guadalupana de la calle ‘José Moreno Irabién’ de la colonia Primero de Mayo, lució solitaria, por la tarde dos policías aguardaban en las afueras de la iglesia.

“Es por la pandemia, por eso no vino la gente, porque saben que sólo permiten que accedan cincuenta personas”, señaló un uniformado.

“Yo no me pongo triste, al contrario, doy gracias a Dios y a mi Madre Santísima porque me siguen regalando la oportunidad de estar vivo”, alcanza a decir Je­sús García, que en solitario canta y canta en dirección de la imagen en la que está plasmada a quien él llama “Mi Madre Santísima”.

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