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septiembre 16, 2021

Columnistas

La corrupción no tiene memoria

Por Héctor Tapia

  • AMLO, el sujeto equivocado para un grupo de ladrones
  • ¿Y si hoy nos gobernara Meade qué México tendríamos?

 

La memoria colectiva suele ser se­lectiva. Se recuerdan acontecimien­tos vasto positivos: un mundial de futbol; o negativos: alguna masacre. Pero esa retentiva no alcanza a registrar los excesos que a lo largo del tiempo distintos regímenes de gobierno aplican, pues en determina­dos momentos usaron la manipulación a través de los medios para consumarlos.

En México, la memoria histórica ha sido redu­cida a actos conmemorativos, fechas de batallas, leyes, nacimientos o muertes centenarias, a la que se le han sumado masacres como la de Tlatelolco, en 1968; el «Halconazo», en 1971; y las matanzas de Aguas Blancas, Acteal y Ayotzinapa.

No existe una memoria histórica que permita juzgar o diferenciar la actuación de los gobiernos en los últimos cuarenta años. La lucha más desgas­tante en el discurso del Presidente López Obrador es recordarle a los mexicanos lo que ha cambiado y lo que se ha abolido con su llegada al poder.

A la misma consulta popular que realizará el INE el 1 de agosto, no le veo otro propósito que el de instalar en la memoria colectiva ese pasado normalizado, perdonado y olvidado, y la pregunta del ejercicio sirve para ese recordatorio: «¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?».

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El lunes 12 de julio de este año, el Gobierno de la República cumplió dos años siete meses y 11 días, es el mediodía y me encuentro en la redacción del diario, a la expectativa de la llegada del avión presidencial que traerá al estado —por segunda vez en todo ese tiempo— al Presidente José Antonio Meade Kuribreña.

Según informan reporteros y fotógrafos, el lugar está convertido en un búnker, el Estado Mayor Presidencial tiene tomado el aeropuerto local desde hace dos días y hay un discreto pero rígido operativo del Ejército con tanquetas colocadas en puntos visibles de la ciudad.

En el hangar del estado todo está dispuesto, hay una escolta militar, un grupo de niños de colegios que han sido llevados con banderitas de México para recibir al Presidente y se encuentran en el lugar el gobernador y una parte del gabinete para rendirle protocolo y acompañarlo al evento que se realizará en el Centro de Convenciones a donde ha sido invitada toda la clase empresarial y política para la presentación del Plan Estatal contra Inundaciones 2021.

En la entrada del salón han sido colocados arcos de­tectores de metales, por el cual todos los invitados han tenido que pasar. El lugar se encuentra herméticamente blindado, cuando llega Meade llueven los aplausos y él a su paso va saludando con los brazos abiertos. Afuera quedaron ocho camionetas Suburban blindadas, dos pa­trullas de la Marina nacional, una del Ejército, dos más de la policía estatal y dos motopatrulleros. Ah… y una ambulancia de la Cruz Roja.

El avión TP01 787-8 de nueve mil millones de pesos luce imponente en la pista del modesto aeropuerto Carlos A. Rovirosa Pérez para una visita de cinco horas en la que el gobernador aprove­chó su discurso para solicitarle al mandatario federal su apoyo para que sean contemplados los proyectos para la construcción de dos de los cinco distribuidores viales que tiene pendiente Villahermosa de construirse desde hace 12 años; igualmente pidió que se incluya a Tabasco en el programa federal que se aplica en otros estados con puerto, para el dragado y rescate de Frontera.

Meade ha pedido en su intervención a los secreta­rios de Transportes y Hacienda que se evalúen las posi­bilidades y viabilidad de los proyectos solicitados por el gobernador de Tabasco, ha dicho además que su gobierno es riguroso en el manejo de las finanzas a fin de evitar un desbalance presupuestal.

Al día siguiente la pren­sa nacional ha dispuesto una fotonota de regular tamaño en sus primeras páginas destacando que el Presidente visitó la tierra del ex candidato presiden­cial Andrés Manuel López Obrador y que desde ahí destacó el riguroso manejo que su gobierno hace de las finanzas para mante­ner al país en el rumbo correcto. Nada de los proyectos.

Cinco horas después, el avión TP01 Boeing 787-8 con una longitud de 57 metros y una capacidad máxima de 230 pasajeros emprendió el vuelo, de acuerdo con datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) el costo total del servicio de la nave «José María Morelos y Pavón» es de 249 mil 998 pesos por hora. Medio millón de pesos en ida y vuelta.

Disculparán ustedes el arrebato del ejercicio narrativo, pero lo que he descrito es lo más cercano a los pomposos viajes presidenciales que, durante 40 años, se realiza­ron en México a costa del erario público, y éste es muy seguramente uno de los más insignificantes excesos que seguirían en nuestro país, si 30 millones de mexicanos no hubiesen decidido que llegara Andrés Manuel López Obrador con su bola de demolición —como llama Silva Herzog-Márquez a los cambios de la 4T— y que al aplicar nuestra memoria puede recordarse de manera distinta, tal vez distorsionada.

Pido, más bien, al ciudadano compasivo que res­bala en la cáscara de plátano del ahora, que para me­dir lo que ha significado este radical y hasta ruidoso pero auténtico cambio de gobierno, que camine con cuidado, que trate en lo posible de no tomar atajos para formar­se de esa memoria histórica personal cayendo en la enhebra difundida en la radio, televisión y redes sociales, donde en esta época abundan profesionales de la impostura, y aunque le tome más tiempo, busque la verificación de información, pese a que al final de cuentas esa evocación terminará ajustándose a sus prejuicios.

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Al elegir a AMLO como Presidente, un grueso grupo de mexicanos escogieron al sujeto equivocado, pues votaron al hombre honesto, ese del que Ítalo Calvino habla en su cuento «La oveja negra», afortunada­mente no son todos, aunque en su mayoría son ricos.

Algunos de ellos muy seguramente podrían recrear el pueblo descrito por el escritor italiano, donde todos eran ladrones y por las noches, armados con ganzúas y linter­nas, salían a desvalijar la casa del vecino, pero al volver a la propia también la encontraban desvalijada.

Dice Calvino que no se sabe cómo ocurrió pero en ese pueblo se encontraba un hombre honesto. AMLO podría ser ese hombre que en vez de salir por las noches con gan­zúa y linterna se quedaba en casa a fumar y leer novelas.

Pero aquella decisión de no robar afectó a todo el pueblo ladrón, así un hombre humilde de Tepetitán logró romper con esa cadena en la que «el gobierno era una asociación para delinquir en perjuicio de sus súbditos, y los súbditos por su parte se ocupaban solo en engañar al gobierno».

Aquí cabría preguntarse: ¿qué habría pasado si ese pueblo de ladrones, de Ítalo Calvino hubiese elegido como Presidente al hombre honesto? Todos los negocios turbios se habrían venido abajo: las compras infladas a los cárteles de las medicinas, los burdos acuerdos con obras públicas y contratos leoninos, la corrupción.

Ítalo Calvino, no dibuja a México, pero en su cuento, sin duda, da pinceladas del tepetiteco.···[ TUMBAPATOS ]···

Del ejercicio editorial que realicé en El Ta­basqueño en semanas pasadas y que se tituló «Adán, aspirante presidencial del Sures­te» [Tabasco HOY, edición 11,589; 03/07/21] me quedó claro algo muy obvio: para ser un aspirante presidencial debes tener a lo menos el apoyo de tu gente, del pueblo que gobiernas, y sino es así, toda intención será ilusoria, pues si ni tu pueblo votará por ti qué esperar del resto.

 

«La persona que dijo ‹ganar no lo es todo› nunca ganó nada».

MIA HAMM

 

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