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La carta secreta

1993.El tiempo pasa implacable y la vida se va volando, pero la historia, serena y desafiante, se mantiene fuerte, fresca y rozagante. Un día de hace muchos años, estaba platicando con el licenciado Andrés Manuel en la sala de su casa de la calle Júpiter 123 fraccionamiento Galaxia.

Conversábamos de sus próximas giras por el estado y a qué municipios iría yo con él acompañándolo. De todo esto hace apenas veintiocho años. De pronto, tocaron la puerta y me dijo el licenciado, -ve a ver quién es y qué quiere-. Salí y ahí estaba el entonces secretario particular de Roberto Madrazo: Ángel Buendía Tirado, el popular Lico, quien súbitamente había llegado sin avisar. Al verme dijo Lico: -¿Qué haces aquí Laureano?-. -No-, le contesté. -¿Qué haces aquí tú? Porque yo trabajo con el licenciado.  -Es que traigo una carta personal y privada para Andrés Manuel de parte del licenciado Madrazo-. -permíteme- le dije. -Voy a avisarle-. Entré a la sala y le informé a Andrés. -Dile que pase- me contestó amable.

Ya estando los tres ahí, Buendía Tirado le entregó la carta y entonces, sin abrirla, Andrés le pidió a Lico que se sentara y a mí me dijo que lo acompañara a su biblioteca que tenía ahí mismo en la planta baja, mientras Lico se quedó esperando en aquel viejo sillón de cuero. Lentamente abrió la carta y después de leerla tranquilamente me dijo: – ¿Qué te parece? Me invita a platicar en privado. A una reunión entre él y yo solamente. Donde nadie nos escuche. -¿Tú que dices?- -pues-, contesté como con inocencia, -si quiere platicar pues bueno. Se puede platicar y explorar qué acuerdos quiere y escucharlo. Somos educados-. -¡¿Qué?!- Subió la voz Andrés. -Eso que acabas de decir es del PRI. Es una respuesta priísta. ¡¿Qué no te das cuenta que quiere platicar en privado para ofrecerme dinero o quien sabe que cosa?!-.

-Ah pues no lo había pensado-, le contesté. -Entonces dile que no-. Y ya. Salió Andrés y yo atrás de él. Le dijo a Lico: -Dile a Roberto que si quiere que platiquemos será en público. De frente a la gente. Que, con gusto, pero en privado no-. (No sé porqué se me hace que Roberto le quería ofrecer dinero, mucho dinero al licenciado). Un poco apesadumbrado, salió Lico de Júpiter 123. Y ya lo que sucedió después ya lo sabemos. Roberto se robó la gubernatura derrochando 239 millones de pesos (equivalente en aquella época a setenta millones de dólares) sacados de la caja de Finanzas. Todo comprobado. Y ahora aparece de nuevo. Se me hace que necesita subirse a un avión con rumbo a Monterrey.

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