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Tabasco

Juan Gorra. Comerciante sirio-libanés en San Juan Bautista

El oriundo de la ciudad de Zahlé, provincia de Bekaa, población que por entonces pertenecía a la Gran Siria, bajo el dominio del imperio turco, por ello quienes provenían de esa parte del mundo eran llamados indistintamente “turcos”.

En agosto de 2000 mientras hacía un recorrido de estudio en el panteón Central de la ciudad, por serendipia di con la tumba de uno de los primeros libaneses que arribaron a San Juan Bautista (Villahermosa) a finales del siglo XIX. Hasta entonces conocía su vida de manera escueta. Luego del hallazgo de su sepulcro decidí indagar más sobre los orígenes de este personaje y su actuación en la ciudad.

Nació en 1858, era oriundo de la ciudad de Zahlé, provincia de Bekaa, población que por entonces pertenecía a la Gran Siria, bajo el dominio del imperio turco, por ello quienes provenían de esa parte del mundo eran llamados indistintamente “turcos”.

Arribó a San Juan Bautista en 1890 en compañía de otros paisanos y como era su costumbre se dedicaron al comercio ambulante por las calles de la ciudad, por las haciendas y ranchos situados en las riberas de los ríos, más tarde conforme fueron adquiriendo confianza expandieron su actividad por toda la región, practicando siempre el sistema de venta en abono.

En la capital tabasqueña empezó a ser famoso por su dedicación y habilidad en las actividades comerciales. Prosperó rápidamente, en 1896 manejaba en géneros un capital que superaba los cuatro mil pesos mensuales, por lo que a mediados de ese año inauguró un pequeño establecimiento en la ciudad y para desarrollar sus actividades hizo venir del puerto de Frontera a su sobrina Amelia Nazur y a un pariente lejano, José Pérez Árabe.

Pronto José Pérez se convirtió en el hombre de confianza de Gorra, en 1898 permitió que se casara con su sobrina Amelia y para expandir sus negocios, los envío al puerto de Frontera, ahí abrieron un depósito donde comerciaban, almacenaban las mercancías que importaban y resguardaban: cacao, maíz, manteca y otros productos que Gorra compraba a los agricultores locales.

Esta dinámica comercial propició que Gorra rentara una bodega en la Ciudad de México para acopiar la mercancía adquirida. En 1901 decidió incursionar en la actividad empresarial e inició los trámites legales para comprar al español Enrique Bermúdez, la cantina hotel “Monte Carlo”, ubicada en el número siete de la calle de Iturbide, pero la transacción no se logró porque Bermúdez incumplió el contrato de compra venta.

La actividad comercial de Juan Gorra le presentaba un futuro promisorio, sin embargo, a finales de julio de 1904 su salud empezó a decaer debido a una intensa pulmonía adquirida en sus recorridos fluviales; pronto cayó en cama y mandó a llamar a su sobrina Amelia para que lo asistiera en su recuperación. Desafortunadamente para él, la enfermedad se agravó y falleció a la edad de 46 años, el 17 de agosto de 1904. Juan Gorra al momento de su muerte poseía un capital que superaba por mucho los veinte mil pesos. Entonces sobrevinieron una serie de disputas por sus bienes, en las cuales se vieron implicados su sobrina Amelia Nazur, su esposo y Pedro Jaidar. Pero los conflictos por su herencia son otra historia.

 

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