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ISSET e IMSS: tentando al Covid

Para frenar la pandemia por coronavirus se difunde la advertencia con tono apocalíptico: “Quédate en casa”.

Y si en su defecto es imposible hacerlo, debe salirse a la calle a trabajar con medidas extremas de cuidado: sana distancia, cubrebocas y el aseo casi obsesivo de las manos.

Pero esas reglas se rompen a la menor tentación y las cifras de infectados suben como la espuma.

Desde las mismas instituciones públicas, funcionarios incumplen la disposición y propician el reguero de enfermos.

Dos caras de la moneda: ISSET e IMSS. En el instituto donde Fernando Mayans deshace a su antojo todo cuanto se le ocurre, se obliga a los empleados a trabajar aún en áreas no prioritarias.

Personal se expone todos los días al contagio y, en carambola, pone en riesgo a sus respectivas familias. En áreas como Contraloría, Administración, Tecnologías y otras, los servidores públicos laboran con temor, pero movidos por la necesidad.

No le interesa el riesgo al doctor Mayans. Le vale un cacahuate.

Pero si el ISSET y otras dependencias juegan con la pandemia por capricho, en el IMSS los médicos alzan la voz porque los mandan a la guerra sin fusil.

Personal médico, de enfermería y paramédico denuncia la falta de equipo necesario para atender a los pacientes con COVID-19. No tienen cubrebocas, mascarillas N95, lentes, caretas, batas manga larga o guantes “para manejar pacientes con síntomas graves que ameritan manejo de terapia intensiva acondicionada de acuerdo a la reconversión hospitalaria”.

Así se juega con fuego en la pandemia. El buen juez no predica con el ejemplo. Que otros arriesguen el pellejo mientras los mandones se protegen con valentía detrás del escritorio.

La Morralla

Desde hace semanas, la Secretaría de Salud debió poner atención en los consultorios de las farmacias económicas. A los genios epidemiólogos se les olvidó ese detallito *

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