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Inundación, prueba del ácido

Días difíciles, de pandemia, de inundación, de desempleo, vaya, de escasez en todo, hasta en talento para gobernar.

Juan Rulfo, en una de sus prodigiosas obras, nos receta este párrafo: “Aquí va todo de mal en peor. La semana pasada se murió la tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca”.

Y describe: “El aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo”.

Así Tabasco, sin decir agua va, llegó la inundación y puso a prueba a gobernantes, gobiernos y al partido en el poder.

La inundación de octubre ha desnudado el verdadero rostro de la incompetencia. Es la prueba del ácido para quienes presumían como suya la indestructible fuerza del presidente López Obrador.

Ejemplos sobran, va uno. Evaristo Hernández, alcalde de Centro, figura como uno de los peores presidentes municipales del país, según sondeo realizado por Consulta Mitofsky. Si hace unos meses no había poder humano que reposicionara a Evaristo en su desastroso desempeño como funcionario, la inundación vino a enterrarlo.

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Los cárcamos de Villahermosa no funcionaron durante las intensas lluvias, no hubo un programa de contingencia, el ayuntamiento no ejerció acciones preventivas para el desazolve de drenes, en fin, Evaristo se quedó de brazos cruzados durante la pandemia sabiendo el inicio de la temporada de huracanes. Hoy cosecha lo que ha sembrado: repudio. Los billetes no lavarán su imagen.

Se han llevado el Grijalva, Samaria y Carrizal las cuentas alegres que ponían a Morena como brioso corcel inalcanzable para la elección del 2021. En las comunidades hierve la sangre de indignación contra los responsables de la desgracia. Nadie se traga ese cuento de atribuir el problema a los integrantes de “la mafia de la CFE”. Es un ardid para lavarse las manos y tirar la papa caliente a una entelequia, un ente imaginario. Más atole con el dedo al pueblo bueno y sabio que empieza a despertar con el agua en las rodillas.

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