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octubre 16, 2021

Columnistas

Interinatos, vacíos de poder

Por Héctor Tapia

 

Orrico, Peralta, Gurría, Barceló y Priego: 9 años de imposiciones

Con Adán Augusto y Merino, el regreso a la prehistoria política

 

Cuentan los viejos, que en la antigüe­dad en Tabasco, la figura del interi­nato era usada por los gobernantes mientras realizaban sus viajes de gestoría a la capital del país. Era entonces, que una persona desempe­ñaba la función de gobernador tem­poralmente, mientras el otro hacía un largo trayecto por mar y tierra hasta llegar al centro del país, por lo que sus ausencias tomaban meses.

La interinidad es una figura constitucional de la que los políticos han abusado en los últimos 30 años, «chicaneando» la Constitución, a fin de alcanzar los nuevos retos a los que se enfrentan, aún cuando la responsabilidad a la que renuncian es a veces tan esencial como la decisión que toman afectando eso que imprecisamente llamamos «destino».

Entre finales de 1987 y 2001 Tabasco tuvo cuatro gobernadores interinos: José María Peralta López, Manuel Gurría Ordóñez —estos dos en realidad fueron sustitutos—, Victor Manuel Barceló Rodrí­guez y Enrique Priego Oropeza.

Si sumáramos, entre esos interinatos, tendríamos casi un sexenio sin gobernadores electos —tres de Gurría; casi dos años entre Peralta y Barceló; más un año completo de Priego— y llegaríamos hasta nueve años si agregamos los tres años de sustitución del gene­ral Miguel Orrico de los Llanos (1955-1958).

Nueve años de gobiernos truncos, nueve años de imposiciones, sin democracia.

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Tres de los cinco interinatos, son manchones en la historia política del estado, vinculados con conflic­tos políticos, sociales y electorales. El primero de ellos es el de Manuel Bartlett Bautista, que al igual que Neme Castillo, fueron defenestrados desde el centro del país, como se hacía con los que caían en desgracia.

Cuentan los historiadores que la salida de Manuel Bartlett Bautista (Tenosique, 1893-1963) —padre del director de la CFE— tuvo como trasfondo la ruptura entre el «ruizcortinismo» y el «alemanismo», con la intervención de Carlos Alberto Madrazo Becerra, a quien se le señala de crearle un ambiente de inestabilidad para sacarlo del poder.

Otro Madrazo, el hijo Roberto, estuvo detrás de las intrigas contra Salvador Neme Castillo, quien junto con Manuel Gurría Ordóñez, amparados por Carlos Hank González y con el apoyo de Luis Donaldo Colosio, lograron tumbarlo de la guberna­tura en enero de 1992. ¿La causa? Don Salvador era un obstáculo para los proyectos políticos estatales de Roberto Madrazo.

Neme lamentablemente no supo ceder ante las movilizaciones y protestas que realizaba el entonces joven líder opositor, Andrés Manuel López Obra­dor. Esto fue aprovechado por Roberto Madrazo y Manuel Gurría quienes lograron infiltrar a la gente de AMLO, a la que apoyaron económicamente, creándole una situación de ingobernabilidad, lo que finalmente provocó la caída del gobernador.

Curiosamente el interino de Neme, Manuel Gurría, (quien gobernó del 29 de enero de 1992 al 31 de diciembre de 1994), sí sufrió auténtica inestabilidad política, como lo confirma el efímero nombramiento de Juan José Rodríguez Prats como secretario ge­neral de Gobierno. Sin embargo el apoyo del poderoso Hank y otros, logró mantenerlo contra viento y marea.

La tercera mancha política ocurrió en el año 2000, cuando el Tribunal Federal Electoral dictó como vere­dicto inédito, la anulación de la elección a gobernador entre Manuel Andrade Díaz y Raúl Ojeda Zubieta, debido a un cúmulo de inconsistencias cometidas por el PRI. Enrique Priego es designado del 1 de enero al 31 de diciembre de 2001 como interino. A Oropeza le tocó ejercer un presupuesto de 14 mil 23 millones de pesos y estuvo a cargo de convocar nuevas elecciones de las que resultó triunfante Manuel Andrade Díaz.

Los siguientes interinatos estuvieron vinculados con las aventuras políticas de los gobernadores que abandonaron sus encargos con la ambición de obtener mejores posiciones. Por ejemplo, el recién fallecido Enri­que González Pedrero solicitó licencia para integrarse a la campaña de Carlos Salinas de Gortari, pero lo úni­co que obtuvo fue el Fondo de Cultura Económica.

 

 

Cuando EGP intentó regresar al cargo no pudo hacerlo porque el Congreso Local designó gobernador sustituto y no interino a don Chema Peralta (del 1 de di­ciembre de 1987 al 31 de diciembre de 1988). Aún cuando Peralta López se dedicó a consolidar la obra del gobierno anterior, con énfasis en los centros integradores, Pedrero le impuso a Humberto Mayans como secretario gene­ral de Gobierno, pero en funciones de gobernador, lo que ocasionó un vacío de poder en Tabasco.

Cuando Roberto Madrazo dejó la gubernatura para ir a buscar la candidatura presidencial del PRI, entre el 14 de junio y el 7 de diciembre de 1999, —propósito que consiguió, pero perdió— decidió regresar a ella, botando del gobierno a su interino, Víctor Manuel Barceló —A quien por cierto le tocó lidiar con las inundaciones de octubre de 1999— para proceder a refugiarse en el último año de su periodo constitucional.

En resumen, los cinco interinatos históricos ocasionaron daños a Tabasco. Con Barceló se crea­ron vacíos de poder, igual que con José María Peralta, además de que ambos padecieron mandos dobles al tener que gobernador con gabinetes ajenos (como le pasa actualmente a Carlos Manuel Merino). Con Gurría hubo inestabilidad. Con Enrique Priego inacción. Quizá el úni­co interinato que se salva es el del general Miguel Orrico de los Llanos que es recordado como un buen gobierno.

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A partir del 2002 y durante 19 años consecutivos, Ta­basco no tuvo gobernadores interinos, fue un periodo de estabilidad política, todos los gobernadores que iniciaron su mandato lo concluyeron, sin interrupción: Andrade (2002-2006); Granier (2007-2012) y Núñez (2013-2018) se fueron cuando se tenían que ir constitucionalmente, aunque eso no significó lamentablemente que hayan desempeñado mejores gobiernos.

Es hasta este año 2021 que con Adán Augusto López Hernández, se reestablecen los gobiernos breves en el estado, es el regreso a la prehistoria política, esto a causa del llamado del Presidente Andrés Manuel López Obrador para que asumiera la Secretaría de Goberna­ción, y ahora el estado es gobernado por Carlos Manuel Merino Campos, quien no fue electo, pero que mediante «chicanadas» legales está al frente del estado y podría hacerlo hasta por tres años y cuatro meses.

A Merino Campos, a quien le tocará consolidar el tra­bajo que venía realizando el actual secretario de Gober­nación, también tendrá que afrontar crisis anuales como las que se han presentado por la falta de recursos para el pago de prestaciones laborales de fin de año y con un préstamo de mil 500 millones de pesos autorizado por el Congreso del estado.

Como pudimos apreciar en el recorrido por los inte­rinatos, los gobernadores sustitutos que han estado más de un año al frente del Poder Ejecutivo han dejado huella de su presencia, en la que han contado con un presupues­to público que año con año se ha incrementado.

Merino Campos, tendría la oportunidad de dejar su mano con las acciones que pueda emprender en los años que restan del sexenio, aunque antes habrá que observar: 1. Si logra trabajar con un gabinete ajeno; y 2. No sabemos cuánta libertad de operación tiene realmente de Adán Augusto. De lo contrario veremos el desempeño de un interinato gris, en piloto automático. El tiempo dirá.

Concluyo que ningún pueblo se merece un gobier­no de interinato, pues la figura en sí misma es un signo de inestabilidad que interrumpe la función de un gober­nador y obliga a otro nuevo a empezar de cero la curva del aprendizaje. Un interinato daña, sin beneficiar en absolutamente nada.

 

«Lo que hace falta es someter a las circunstancias, no someterse a ellas»

HORACIO

 

 

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