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Columnistas

IEPCT: negligencia y complacencia

Por Héctor Tapia

 

Las elecciones de Estado marcan a Tabasco

Despejando la niebla en Centro; ¿quién está arriba?

 

Desde su creación, el órgano electoral local de Tabasco arrastra una his­toria de escándalos, ignorancia, complacencias, abusos presu­puestales y negligencias, que han costado millones de pesos para los tabasqueños.

Una imagen que dio la vuelta al mundo hace 20 años es también uno de los momentos más vergonzo­sos de la nonata democracia tabasqueña, que muestra una autoridad electoral parcial y poco profesional.

En el video, que fue tomado un sábado 14 de octu­bre del año 2000, se observa al ahora notario pú­blico Leonardo Sala Poisot, entonces presidente del Instituto Estatal Electoral (IET) dentro de una bodega, empuñando una escuadra calibre .45, de uso exclusivo del Ejército y guardándosela en la ropa.

Mientras el país llegaba —tras 78 años de PRI en la Presidencia de la República— a la alternan­cia en el poder, en Tabasco, Roberto Madrazo se pertrechaba y con viejas «mañas» ejecutaba un fraude para imponer a Manuel Andrade en la gubernatura.

Un aguerrido grupo de diputados y senadores del PRD, convertido en una unidad «cazamapaches» fue recibido a balazos por un oscuro personaje llamado Manuel Zendejas Carmona, quien dis­paró dos veces al aire y una más al suelo para evitar la entrada al corazón de un fraude informático, que bajo la fachada de una empresa llamada «Ultra Byte», sistematizaba desde ahí un espejo del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) bajo una operación llama «chocoweb.com».

Finalmente Sala Poisot se vio obligado a llegar a ese lugar, donde desarmó a Zendejas, quitó el empeine y guardó el arma, aunque al hacerlo borrara las huellas de un caso que nunca fue juzgado, pero que marcó a Poisot de una mala imagen que nunca se pudo quitar, involucrado al aceptar la «encomienda» de Madrazo Pintado.

Los principales contendientes para el máximo puesto del estado eran el entonces priísta Manuel Andrade y el entonces perredista Raúl Ojeda, que mantuvieron una cerrada pelea, pero al día siguien­te, 15 de octubre, se confirmaría el fraude: 9 mil 721 inconsistencias de 31 tipos, que iban desde «actas que no tienen datos numéricos, [que] no son legibles» hasta «sumas inconsistentes»; habían mil 646 casillas, de dos mil 71, que reportaban anoma­lías. Por si fuera poco, en 495 quejas se reportaban más votantes de los registrados.

Pese a todo ello el resultado que arrojó el PREP al concluir su operación a las 12:11 horas del lunes 16 de octubre del 2000, dio el triunfo al priista Andrade con 277 mil 268 votos contra 270 mil 932 de Ojeda. En porcentajes habían quedado 44.13% contra 43.13% ¡Una casilla había sido la diferencia!

El final ya todos lo saben.

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Por el órgano electoral «autónomo» han desfilado empresarios [Quintana], «chatarreros» [Galán], «na­ranjeros» [Esnaurrízar], poetas [Ciprián], escritores [Montero], comunicadores [Claudia Jiménez] y una fila larga de académicos, todos con un alto grado de desconocimiento de la Ley Electoral y de Partidos Políticos del Estado de Tabasco y del Código de Insti­tuciones y Procedimientos Electorales del Estado de Tabasco (COIPET).

Hasta antes de la creación del Instituto Nacional Electoral (INE), que nació con la tutela de los Organis­mos Públicos Locales Electorales, todos los conseje­ros, incluido el presidente del instituto, eran desig­nados mediante negociaciones partidistas con la intervención del Ejecutivo en turno y legitimados por el Congreso local, lo que condenó a Tabasco a la pre­historia de la democracia, con un organismo electoral alejado años luz de la imparcialidad y bajo un control absoluto de todo por parte del gobernador en turno.

Hasta ahora no ha habido un gobernante que no sienta la necesidad de meter las manos en el proceso electoral, máxime cuando en las elecciones se juega la gobernabilidad de su administración y el control de las cuentas públicas; sólo elecciones con votaciones masivas como las del 2012 y 2018, en las que ganaron Arturo Núñez y Adán Augusto López Hernández, impulsados por el ciclón de Tepetitán, imposibilitaron cualquier fraude.

En la primera lograron sacar al PRI de la Quinta Grijalva tras la fractura de Granier-Graham-Alí y el vendaval que les pasó encima, ahí el control del órgano fue insuficiente; pero años atrás el organizador elec­toral fue testigo mudo de atrocidades como la elección de 2006, en la que Granier se apoyó en el entonces secretario de Seguridad Pública, Juan Cano Torres para imponerse en una jornada violenta, una verda­dera guerra entre policías municipales de alcaldías del PRD y policías estatales. Hubo heridos de bala, descalabrados… Después el «Químico» traicionó a «La Hermandad», que quería eternizarse en la SSP y la encarceló.

Ganar de cualquier manera pero ganar, es un propósito elemental en los gobernantes en turno, no tienen elección ante la determinación de mantener el control del estado, lo que los lleva a forzar un voto favorable, a activar la guerra sucia en las redes sociales, la amenaza, el cohecho, la cooptación. Cualquier cosa que impida la derrota.

En 26 años de fundación del primer órgano electo­ral, el Estado ha permitido que bajo los pretextos de «ciudadanización» y «autonomía», quienes han pasado por esta institución incurran en dispendios salariales, bonos excesivos, compras no claras. Los han dejado saquear una y otra vez al garante de la democracia, pero con la condición de que a la hora de las elecciones, ahí sí tienen que marchar derechitos, complacientes y dispuestos a lo que el que manda disponga.

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Ubiquémonos en Centro, la elección que más expec­tativas ha levantado, no sólo por ser la sede de la capital del estado, sino por el perfil de los contendientes, que por primera vez incluye a dos ex gobernadores. En esta etapa del camino —a 21 días de la jornada de decisión—, el pa­norama luce «nublado», no hay una nueva encuesta pública que permita saber dónde están parados cada uno de los candidatos.

Para tratar de despejar esta neblina, acudo a datos disgregados de la última encuesta de Berumen publi­cada por Tabasco HOY el 19 de abril, al arranque de las campañas. Desde entonces han transcurrido 26 días, pero estos números pueden aún orientarnos si los vemos más allá de la fotografía de por quién votarían.

Un ejemplo: en la opinión de partidos, el PRI aparece en el estudio de Berumen como el de Mala + Muy mala imagen con un 78 por ciento, en contraste con Morena que mantiene un 54 por ciento de Muy buena + Buena, contra un 28 por ciento de Mala + Muy mala; esto habla de que el Revolucionario Institucional mantiene un alto rechazo entre los electores tabasqueños y del país en general.

Cuando al elector se le preguntó «sin importar por quién ha votado en el pasado, ¿con cuál partido se identi­fica?» un arrollador 47 por ciento dice que por Morena, mientras que un tímido 7 por ciento se dice priista y un 1 por ciento perredista. Pero cuando la pregunta es: «¿por cuál partido nunca votaría para presidente munici­pal de Centro?» se levanta un enorme 50 por ciento que dice que por el PRI, mientras que apenas un 15 por ciento dice que por Morena.

Otro dato que pesará en esta jornada electoral es que, según Berumen, 7 de cada 10 habitantes de Centro aprueban al Presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que le sumaría positivos a Morena; hay otra estima­ción interesante, cuando se les pregunta «¿está usted de acuerdo que en la próxima elección para la pre­sidencia municipal de Centro participen como candi­datos ex gobernadores del estado como Manuel Andrade Díaz y Andrés Granier Melo?» la respuesta es «No, en desacuerdo», con un 68 por ciento, y «Sí, de acuerdo» un 29 por ciento, lo que revela un rechazo a la intervención de estas figuras marcadas por su pasado.

Para intentar despejar la niebla que se cierne sobre la última etapa de las campañas, hay una pregunta que puede ser demoledora para el «Químico» Granier: «¿Considera usted que el ex gobernador Andrés Granier Melo es culpable y fue llevado a la cárcel por haber desviado recursos públicos cuando fue go­bernador de Tabasco o que es inocente y lo encarce­laron por una persecución política?»

  • Es culpable por desviar recursos: 59%
  • Fue persecución política: 23%
  • No sabe: 14%

¿Dónde está parada Yolanda Osuna (Morena) y don­de el «Químico» Granier (PRI)?

Saque sus conclusiones.

 

 

«Estar preparado es la mitad de la victoria»

(MIGUEL DE CERVANTES)

 

 

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