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Hotel de la muerte

Con la desaparición y asesinato de Ana, llegan a dos los feminicidios ocurridos en el Hard Rock Riviera Maya sin que haya ningún detenido.

SOLIDARIDAD, Quintana Roo.— Cuando Ana Gómez cumplió 21 años, en el mes de mayo, habló con sus padres para anunciarles que se iría a trabajar a Cancún, con la promesa de que les enviaría dinero.

En Ocosingo no había mucho futuro para los jóvenes, que deambulaban por la plaza principal los fines de semana sin un centavo en el bolsillo.

Don Sebastián, su padre, vio con resignación la marcha de su hija. Hubiera deseado no haberla despedido aquel día en la terminal de autobuses, pero comprendía con pensar que el horno no estaba para bollos. No tardaron en tener noticias de Ana. Había encontrado un empleo como lavavajillas en un hotel importante, el Hard Rock Riviera Maya, del lado de Playa del Carmen.

Don Sebastián, a pesar de la tristeza que lo invadía ciertas tardes por la ausencia de su Ana, sentía en el fondo de su corazón cierto orgullo porque su hija había tenido la valentía de irse tan lejos y encontrado un trabajo honrado.

YA HABÍA DESAPARECIDO UNA EMPLEADA ANTES

El día que le dijeron a Ana Gómez que se presentará a trabajar, se sintió muy contenta. Estaba emocionada porque trabajaría en un hotel más grande que la plaza de Ocosingo, lleno de habitaciones, pasillos, áreas verdes, alberca, restaurante y, como telón de fondo las aguas azul turquesas del mar Caribe, a donde llegaban turistas de todas partes de la tierra, para tostarse al sol y bañarse.

Ella fue asignada al área de cocina, más exactamente a una barra de acero metálico con dobles relucientes llaves de agua, donde lavaría los platos, cubiertos, vasos, copas y enseres utilizados para el servicio de comida tanto en el comedor, como en las palapas y los cuartos. Para Ana aquel trabajo era un sueño realizado que le permitiría sostener lejos de su casa y enviar una ayuda a sus progenitores.

Si ella hubiera sabido que en el Hard Rock Riviera Maya había desaparecido cosa de tres años atrás una joven de nombre Elizabeth Ricalde, sin dejar rastros ni huellas de su paradero, probablemente la dicha de trabajar en ese sitio habría sido menos.

SE DESLINDA HOTEL DEL CRIMEN

El viernes 18 de diciembre, Ana Gómez se presentó al hotel a las seis en punto de la mañana, para cumplir su turno laboral. Esto de acuerdo al testimonio de sus compañeros de trabajo, que la vieron entrar y fregar los trastes hasta la hora de salida. Justamente, a las tres de la tarde, fue la última vez que la vieron en el área de cocina. Nadie la vio salir ni supieron de ella después.

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