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Alondra Reséndiz, es originaria de la Villa Juan Aldama, del municipio de Teapa.

Tabasco

Hija del sureste gana premio internacional

El reportaje que ganó el Premio de Periodismo Walter Reuter 2020, describe las duras condiciones de trabajo que viven a diario las mujeres que seleccionan los plátanos que se distribuyen en el país y el extranjero.

JOSÉ ÁNGEL CASTRO

GRUPO CANTÓN

Originaria de la Villa Juan Aldama de Teapa, Alondra Reséndiz, ganadora del  Premio internacional de Periodismo Walter Reuter, en su 14ª edición, asegura que con el reportaje ¿Por qué hay plátanos todo el año? o cómo las jornaleras trabajan con lluvias y pandemia, se logra captar la realidad que viven las jornaleras.

En entrevista con Grupo Cantón, la  galardonada, quien autorizó publicar su trabajo en Tabasco HOY, recordó  que impulsada por uno de sus profesores, Emiliano Ruíz Parra,  decidió inscribirse al concurso del cual  resultó ganadora.

Alondra, hija del Sureste,  nacida en Tabasco y de raíces chiapanecas, considera que en el reportaje se plasma la realidad que viven las jornaleras, pero también, lleva como propósito  hacer conciencia del esfuerzo y trabajo de hombres y mujeres para que las frutas como el plátano o cualquiera otra, lleguen a las mesas de los mexicanos.

-¿Cuál es el propósito de este reportaje?

Antes que nada decir que la realidad que viven las jornaleras de las plataneras en Tabasco, no es algo exclusivo de esta región, mas bien hacer conciencia como consumidores de alimentos  cómo se sostienen todas las producciones, en éste caso es el plátano.

-¿Tienes esperanza que cambie la realidad de las jornaleras?

Hay cierta esperanza que pueda  ser un mundo más justo para las mujeres y con las jornaleras porque aparte se consideraron esenciales durante la pandemia.

-¿Después de este premio internacional, a qué aspiras?

Estoy abierta a aprender y estoy decidida a continuar en el periodismo, principalmente en el ámbito agroalimentario porque es parte de mi propia historia.

-¿Por qué sales de Teapa?

Porque en un país tan centralista, a veces no hay mas opción que salir del lugar y dejar la tierra para lograr lo que uno quiere. Para mi familia no fue fácil porque no tenemos esa solvencia económica para sostener una carrera  en otro lugar. Lo ideal sería que no tuviéramos que movernos.

-¿Cómo te vinculas al periodismo?

En la carrera que estudio que es la Licenciatura en Estudios Latinoamericanos tiene un enfoque interdisciplinario.

-¿Qué te dice tu familia?

Sí, están contentos, aunque el mérito no es personal, sino colectivo porque uno se sostiene con el cuidado de la familia, porque sola, esto no podría haber ocurrido.

ALONDRA RESÉNDIZ ASCENCIO / BECARIA REPORTAJE PUBLICADO EL 21 DE DICIEMBRE DE 2020 POR EL PORTAL CORRIENTE ALTERNA

¿Por qué hay plátanos TODO EL AÑO?, o cómo las jornaleras trabajan con lluvias y pandemia

PRIMERA PARTE

Las jornaleras agrícolas del sector platanero no se detienen. Ni las inundaciones ni la pandemia de COVID-19 frenan una actividad que produce, solo en Chiapas y Tabasco, un millón de toneladas de plátano. Sin seguridad social, con sueldos de 200 pesos por jornal de hasta 12 horas y expuestas a plaguicidas tóxicos, las trabajadoras sostienen una industria que abastece 43 destinos internacionales, entre ellos Estados Unidos, los países de la Unión Europea y China.

En el municipio de Teapa, Tabasco, se destinan siete mil 440 hectáreas para el monocultivo del banano: el equivalente a mil 217 canchas del Estadio Azteca.

-No hay apoyo de nada, sólo lo que tú ganas y nada más- afirma “Amelia” (las jornaleras que aceptaron hablar para este reportaje se cambiaron el nombre por temor a represalias laborales).

Denuncian que los propietarios de los ranchos plataneros no proveen ningún beneficio más allá del salario. Las únicas acciones de cuidado provienen de ellas mismas.

-He trabajado en varios ranchos y en ninguno hay vacaciones, prestaciones, nada. Si trabajas, te pagan, y si no trabajas no te pagan —agrega “Amelia”, jornalera desde hace 12 años—. En cambio, los patrones y los encargados sí tienen su regla de que, si no vas un día, te quedas castigada, te cancelan el trabajo por una semana. Si eres de planta tienes que ir, estés enferma o en cama.

Con cubrebocas sencillos y hacinadas en camiones de redilas, las jornaleras se trasladan a los platanares de Teapa, Tacotalpa, Jalapa y Pichucalco.

EL TECHO DE CRISTAL DEL MONOCULTIVO

Plantas de plátano, una tras otra; trailers cargados que van a la Central de Abastos de la Ciudad de México; bodegas que almacenan materiales agrícolas; entradas a las plataneras El Remedio, Bronco Bananas, San Carlos o San Antonio. Así es el paisaje durante el recorrido por la carretera Villahermosa-Teapa. El monocultivo del banano se ha impuesto a la mirada y a la selva.

-Nacimos en el platanar, allá vivimos. Hablar del plátano es mi mero mole -dice “Laura” al referirse a su infancia en Chiapas, estado vecino de Tabasco; la región fronteriza entre ambas entidades es productora de banano.

Como varias familias, llegó a Tabasco con sus padres y hermanos porque en Chiapas no tenían vivienda propia y buscaban mejores condiciones de vida. Se asentaron en una comunidad de Teapa y, desde entonces, “Laura” es jornalera en el sector platanero.

El reportaje busca   hacer conciencia del esfuerzo y el trabajo de las jornaleras.

En las plantaciones hay una división sexual del trabajo: las mujeres ganan menos y no tienen acceso a los puestos de mando. Según la Encuesta Nacional Agropecuaria 2019 del Inegi, las trabajadoras agrícolas ganan en promedio 164 pesos por jornal y los hombres 178 pesos. Ellas desfloran los racimos y lavan y seleccionan los frutos que serán empacados en los camiones de carga. Es muy raro encontrar una jefa de empaque, una encargada del rancho, una caporal o una dueña de plantación. De cada 100 tomadores de decisiones en las unidades de producción agrícola, 17 son mujeres.

-Hay mujeres empacadoras, muy pocas, pero hay. Sin embargo, es raro que veas a un hombre selectando -comenta “Laura”-. En la región se considera que la selección del plátano, el desflore y el armado de cajas son trabajos de mujeres.

Ellas selectan: cortan con una cuchilla los pinzotes (la rama vertical que sostiene plátanos en una penca) para formar pequeños racimos; revisan la fruta y la depositan en una charola. Este proceso es rápido. Por las manos de cuatro o cinco selectoras pasa todo el banano que se produce en una platanera. Al final de la jornada, que puede llegar hasta las doce horas, el dolor se hace presente en la espalda y en los brazos.

-Al menos, el área de selección es todo el día paradas; no hay mucho espacio; sólo donde entras, y de ahí no sales- dice “Laura”.

LA CUCHILLA: HERRAMIENTA DE TRABAJO Y DE DEFENSA

“Marina” trabajó diez años en una platanera. Se levantaba a las cuatro de la mañana y preparaba su desayuno. Una camioneta pasaba por ella una hora después y se subía a la redila junto a otras personas. No faltaban ni los días de lluvia, aunque el camino se inundara. Así lo hacen también ahora, en noviembre de 2020, pese a las inundaciones en Tabasco y Chiapas, cada vez más recurrentes y sorpresivas, porque el plátano no es de temporada, se cosecha todo el año.

-Ve a qué hora va un termo [tráiler] ahorita, ve la hora, cuánta gente viene -señala “Marina” al escuchar el motor del camión-. Y todavía vi pasar en carreta a la gente, porque está crecido el río y se inundó el paso. Empezaron a las seis de la mañana, ya son como las siete de la noche, ¿te imaginas? Y por 200 pesos, no es nada.

En Teapa hay 7 mil 440 hectáreas para el monocultivo del banano.

Ella selectaba la fruta de lunes a sábado en una plantación. La penca se corta con las cuchillas, creando “manos” de seis, siete u ocho frutos; a cada uno se le conoce como “dedo” y debe ser cuidado; antes del corte le aplican masajes para que no se peguen dos plátanos, y así evitan que se manche o se raye la cáscara.

-Mira, cuántas cicatrices tengo -dice mientras enseña su dedo índice-. Estas cicatrices son de cuchilla. Tres en el mismo dedo porque con éste se agarra la penca y con la otra mano se agarra la cuchilla para quitar la corona. Yo me lastimé y seguí trabajando, sólo me amarré una bolsa y dejó de salir sangre. Tuve que seguir trabajando.

“Laura” y sus compañeras han multiplicado la utilidad de su herramienta de trabajo: la usan para protegerse del acoso sexual o laboral de compañeros y patrones; cuando hacen algún trato hablado, acuerdan el monto del salario; si al final de la jornada les quieren pagar menos de lo acordado, ellas -cuchilla en mano- detienen los camiones de carga que transportan los plátanos. No los dejan salir hasta que se cumpla el acuerdo. Con la cuchilla también se salvaguardan de los asaltos.

-Ya se los he dicho a las demás: el día que usen la cuchilla, úsenla para bien, que son ellos o somos nosotras -dice “Laura”-. Te tienes que aprender a mover en ese mundo de hombres, porque ese mundo es de hombres machistas.

Reportaje publicado con la autorización de la autora.

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