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Las mujeres acuchillaron al ingeniero en el Fraccionamiento Bonampak.

Centro

Celosa acuchilló al marido

Un ingeniero de 33 años es acuchillado en su domicilio luego de que su esposa recibiera fotos comprometedoras de una relación extra marital.

La persona que envió el sobre de manera anónima no era lo que se dice un alma caritativa. Si metió allí las fotos era con una inten­ción. ¿Quién se toma la molestia de hacer algunas fotos compro­metedoras y luego olvidarlas en algún cajón?

Desde luego el sobre amarillo llevaba más que un gato encerra­do, una pantera dentro, metida para hacer mucho daño a quien la abriera. Por obvias razones, no tenía remitente, pero sí destina­rio: Sandy, la mujer del ingeniero Jaime.

Una sombra oculta esperó la salida del inge del departamento número 201, calle número 6, del fraccionamiento Bonampak, en Buena Vista, para introducir el sobre debajo de la puerta y des­aparecer furtivamente.

Sandy cumpliría una década de vivir con Jaime. Aunque ella le llevaba un año más, pues tenía 34 y su esposo 33, era raro que pelea­ran o discutieran. Se respetaban y sabían oírse.

Antes del mediodía, cuando Sandy estaba terminando de lim­piar la casa, como hacía todos los días, se percató de aquel extraño sobre cerca de la puerta.

Al principio pensó que se tra­taba de algún aviso publicitario o de esos volantes que última­mente se reparten ofreciendo préstamos rápidos.

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Levantó el sobre y notó que no traía remitente. ¿Se le habrá caído a Jaime cuando se fue? Fue a la cocina por un cuchillo y comenzó a abrirlo.

Cuando empezó a ver cada una de las fotos, sus manos temblaban y su­daban como nunca an­tes le había sucedido. Comenzó a llorar.

HACE AÑICOS CONFIANZA

Las fotos del sobre mostraban a su esposo Jaime abrazado, tomado de la mano, besándose de piquito, pero no era ella a quien besaba, a quien abra­zaba o tomaba de la mano.

«¿Quién era aquella mujer?», se preguntaba. «¡Cómo Jaime le había hecho esto! ¿Por qué? ¿Por qué?», eran preguntas que retum­baban en la cabeza, sin encontrar ninguna certeza ni darle paz.

Lo primero que se le ocurrió fue llamarle a su esposo al traba­jo. Apenas lo oyó en el auricular, le exigió enojada: «Te quiero aquí pronto para que me expliques qué es esa aventura que tienes?

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Del otro lado hubo un breve si­lencio. «¿De qué me estás hablan­do?», balbuceó él. «Más te vale que vengas a la casa y me lo expli­ques pronto, ¡miserable!», y colgó.

Luego habló a su hermana Leidy, quien apenas entró al de­partamento la abrazó. Trató de calmar a su hermana. De conso­larla. Intentaron una y otra vez de explicar todo aquel embrollo, pero era imposible creer que las fotos hubieran sido trucadas. ¿Quién haría algo así? Leidy acordó con su hermana quedarse y permane­cer a su lado cuando llegara Jaime.

Cuando Jaime arribó al frac­cionamiento Bonampak estaba desconcertado, pero se mantuvo en sus trece.

Leidy no creía ya ninguna de las palabras que dijera Jaime. Co­menzó a decirle que se fuera, que ella ya no seguiría con él. Jaime insistía en no saber nada, y que no se iría. Los dos comenzaron a insultarse y empujarse delante de la hermana.

Los hechos que ocurrieron a continuación aún no están del todo claros. En la pelea verbal salió a relucir un cuchillo. La versión de las hermanas es que Jaime intentó agredir a una de ellas, Sandy, su compañera, y que Sandy salió a pedir auxilio. Cuando regresó encontró a su hermana cortada de las manos y con sangre, y a Jaime boca abajo, tirado en el suelo, ya sin vida, en medio de un charco de sangre. Las dos hermanas ahora están siendo investigadas por la muerte del infiel, bajo la causa 093/2020.

Quien envío el sobre segura­mente no esperaba este fatal re­sultado.

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