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Hay que renovar el amor

Para muchos esposos y, en general, para todos los miembros de la familia, la medida de “quedarse en casa”, a la vez que les brinda la enorme oportunidad de volverse a encontrar de manera personal también constituye un desafío para su capacidad de relacionarse, de aceptarse, comprenderse y tolerarse. Cuando los que ahora son esposos, antes cuando eran solamente novios, esperaban ansiosos el momento de verse personalmente, no desaprovechaban el tiempo en el que se podían encontrar, verse, tocar sus manos, relacionarse, hoy posiblemente las cosas han cambiado.

Es probable que la rutina de la vida, el trabajo, los problemas económicos, la preocupación de los hijos, les ha hecho cambiar de actitud en su trato conyugal. Suele suceder que desaparecen los pequeños detalles del principio; hay esposos que no quisieran regresar al hogar al final de su trabajo, otros para quienes al volver a casa no cruzan palabras o, a lo más, únicamente para sacar a flote los problemas con los hijos, las deudas económicas del hogar o algún problema familiar; su trato amoroso del principio forma parte del pasado.

Sucede con frecuencia, que los escasos momentos que tienen para tratarse como esposos, se convierten en oportunidades para reprocharse, sacar a la luz sus defectos y carencias y terminar enojados, lo cual hace que su relación se vaya desgastando más. Por eso, de modo especial, para los esposos, el “quedarse en casa”, les permite el espacio para revisar su relación matrimonial tan importante en la vida de la familia, de valorarse como esposos, de renovarse con Dios y entre ellos; en caso contrario, la enfermedad del covid-19 podría causar muchas muertes, no solo físicas, sino sobre todo matrimoniales.

La convivencia en el hogar exige de los miembros de la familia un esfuerzo para hacerse la vida agradable.

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