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Raymundo Vázquez Soberano. Historiador.

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Habanero Berreteaga: bebida de reyes

El año de 1865 fue uno de los más difíciles para los habitantes de Tabasco. Aún se estaban recuperando de los actos vandálicos cometidos en su contra por el ejército intervencionista del imperio francés, cuando una devastadora inundación anegó la mayor parte de los cultivos de la región.

Los hermanos Juan y Vicente Ruíz oriundos de España, dedicados al comercio y la agricultura fueron de los más afectados por la inundación. Las plantaciones de caña de azúcar de su hacienda Santa Rita fueron arrastradas hacia el río. De los dos barcos que poseían, uno naufragó; el otro, El Manuelito, para fortuna de ellos, se salvó de la catástrofe, gracias a los fuertes cables que lo mantuvieron sujetos al muelle.

A Juan Ruiz se le ocurrió la idea de que su barco, podía navegar hacia la Isla de Cuba cargado de toneladas de frijol negro que tenía embazado en su almacén para venderlas en La Habana y con las ganancias obtenidas comprar miles de litros de aguardiente de caña y en esta forma cumplir los compromisos que con anterioridad había contraído.

Así procedió y dos meses después El Manuelito, regresó al puerto de San Juan Bautista cargado de toneles con aguardiente, con premura y regocijo Juan Ruiz instruyó a dos de los marineros para que abrieran uno de los barriles que antes de ser llenados con aguardiente, habían servido para transportar de España a Cuba vinos de Jerez y Moscatel.

Entonces Juan Ruiz notó que el aguardiente tenía un color ambarino, lo que causó su asombró porque sabía que el aguardiente puro era incoloro, en ese momento llenó un vaso y se lo llevó a sus labios para probar el líquido.

Al paladear la bebida un brillo de satisfacción en sus ojos y una chispa de alegría lo invadieron, porque lo que había degustado era una mezcla espléndida del jugo de caña y de los delicados vinos andaluces restos de los cuales habían quedado en los barriles.

“Esta es una bebida digna de reyes” exclamó y junto con su herma no Vicente le llamó “habanero”, porque venía de La Habana. Así fue como por accidente se descubrió esta bebida espirituosa y recibió su nombre.

En gran parte el descubrimiento del habanero le dio la posibilidad a los Ruiz de rehacer su capital y algunos años después del memorable acontecimiento, decidieron traspasar su negocio a otro español recién llegado a Tabasco con el propósito de hacer fortuna.

Martín Berreteaga y Arana, se llamaba el vasco a quien los Ruiz traspasaron sus negocios. Entonces fue cuando el habanero fue bautizado con el nombre que le daría fama internacional: Habanero Berreteaga, este comerciante formó una sociedad con su paisano José Hernández Cepeda, girando entonces el negocio bajo la razón social de M. Berreteaga y Compañía, cuya firma además de sus múltiples actividades comerciales logró ser copropietaria de la Compañía Mexicana de Navegación S. A. Algunos de sus navíos desplazaban 2,000 y hasta 2,500 toneladas.

El éxito del habanero Berreteaga, animó a sus propietarios a producir una marca especial, que llamaron “habanero Berreteaga”, que representó un nuevo éxito. Con el sentimiento xenófobo detonado a partir del movimiento revolucionario en Tabasco, M. Berreteaga y Compañía clausuró y se trasladó a la Ciudad de México para continuar la elaboración de su prestigiosa bebida.

En la actualidad, aún se aprecian en subastas exclusivas algunas botellas de este famoso aguardiente de origen tabasqueño.

 

tabascohoy.com 

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