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Ante su jubilación, su hijo lo relevará.

México

Grupo Reforma, tan cerca y lejos del poder

Las decisiones editoriales de ambos periódicos, desde sus orígenes a principios del siglo XX, fueron el medio de comunicación de los intereses del empresariado regiomontano.

QUINTA PARTE DE LA SERIE: LA MORAL DEL DUEÑO DEL DIARIO REFORMA

 

CIUDAD DE MÉXICO.– Apenas se consolidó el Grupo Refor­ma en la Ciudad de México –a donde únicamente solía per­manecer tres días por sema­na–, muy solemne, Alejandro Junco de la Vega González se regresó a Monterrey, Nuevo León. Le urgía estar cerca de los grupos y personajes loca­les conservadores del norte del país, con quienes realiza­ba negocios o alianzas polí­ticas. Con uno de estos per­sonajes: Fernando Elizondo Barragán –que sería goberna­dor sustituto de Nuevo León en 2003– incluso emparentó: fueron consuegros.

Su hija Rosa Laura Junco de la Vega Elizondo, estuvo casada con Fernando Elizon­do Ortiz, vástago del político panista. De ahí que El Norte y Reforma, apoyaron la candi­datura de Elizondo Barragán en 2009 en su campaña por el gobierno del estado como candidato del PAN.

Su relación con los empre­sarios políticos del norte del país databa de mucho antes.

En 1992, junto con Fernan­do Canales Clariond (quien ocupó la gubernatura de octu­bre de 1997 a enero de 2003, año en el que renunció para integrarse como secretario de Economía al gabinete del pre­sidente Vicente Fox; Elizondo Barragán lo suplió) conformó el consorcio Abaco Grupo Fi­nanciero que encabezaba su socio Jorge Lankenau, cono­cido personaje que en 1997 fue acusado de defraudar a 230 inversionistas con más de 170 millones de pesos.

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Su relación con la clase conservadora norteña, pues, no era sólo personal, mucho menos inocente, sino de ne­gocios. El dueño del Grupo Reforma había cultivado esa “amistad” de la gente princi­pal de Monterrey, durante la presidencia y dirección gene­ral de su difunto abuelo, tras la ausencia obligada de su padre.

 

“LA GESTAPO”

El día que menos se pensaba Junco regresaba a la Ciudad de México. Penetraba hasta la misma redacción del perió­dico y, en sus afanes protagó­nicos de sentirse el corazón valiente del proceso de la tran­sición democrática mexicana, insistía que en Reforma se debía replicar el periodismo que él y su hermano Rodolfo habían aprendido en las aulas estadounidenses: con profe­sionalismo e independencia, características que Junco de la Vega no siempre cumplió a cabalidad, y a sus comunica­dores les dio mala fama.

Como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Rosario Robles Berlanga, se refería a sus reporteros como “La Ges­tapo”. Los priístas, se unían a las quejas de los otros polí­ticos por la persecución y el acoso de los que eran víctimas por parte de los informadores de Reforma, a quienes su di­rector general les había hecho creer que, como “soldados del periodismo”, ellos eran los principales motores del cambio en la relación entre la prensa y los políticos.

Omitía decir, desde lue­go, que la prensa escrita no se había empoderado por el modelo periodístico estadou­nidense por él impuesto a sus editores, reporteros y articu­listas, sino como consecuen­cia y de manera paralela al empoderamiento de la ciuda­danía, que comenzaba a exigir que los políticos, si querían mantenerse en el poder, de­bían rendir cuentas, no a los medios, sino a la ciudadanía.

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SU JUBILACIÓN

En los últimos años, Junco de la Vega ha ido transfiriendo el mando de Grupo Reforma a su hijo, Alejandro Junco de la Vega Elizondo, en lo que se percibe como un relevo gene­racional o su inminente jubi­lación.

Sin embargo, su retiro no llegará en el mejor momento. Su grupo no es ajeno a la cri­sis económica que afecta a la prensa con la pérdida crecien­te de publicidad y, sobre todo, por su modelo de negocio in­alterable: a su portal web sólo se accede mediante el pago de una suscripción.

Su grupo, sin embargo – como tantas veces lo ha seña­lado el presidente Andrés Ma­nuel López Obrador–, sigue siendo el canal de voz para los más influyentes empresa­rios y sectores de la política conservadora norteña. Lo que le ha permitido posicionar a sus directivos y su familia en los círculos más cerrados de la sociedad texana, como el exgobernador de Texas, Rick Perry, hoy miembro del gabi­nete del presidente Donald Trump, así como Toby Neuge­bauer, un conservador texano cuyo vínculo surgió a través de Eduardo Margáin, exespo­so de su hija Lorena.

 

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LOS CONSERVADORES, SUS PADRINOS

El nacimiento y la consolida­ción del Grupo Reforma, no hubiera sido posible sin el fi­nanciamiento y la ideología del empresariado regiomon­tano surgido durante la pri­mera mitad del siglo XX.

En 1930, ante la imposibili­dad de sostener la edición de El Sol –con apenas ocho años en las calles de Monterrey– por la crisis económica que amenazaba la viabilidad de la editorial, Rodolfo Junco de la Vega Voigt recurrió al Grupo Monterrey, del que ya habla­mos a lo largo de esta breve serie, para mantenerlo. Esto marcó no sólo su superviven­cia sino el nacimiento de El Norte.

Desde entonces, los dos pe­riódicos fueron utilizados por este grupo empresarial como su canal de comunicación.

La ideología conservadora mezclada con el catolicismo pragmático y la devoción por el trabajo, el ahorro y la gene­ración de riqueza, caracterís­ticas de las élites empresaria­les regiomontanas, quedaron plasmadas en las decisiones editoriales de ambos diarios.

En las páginas de El Norte no sólo encontró eco la voz del Grupo Monterrey, sino las cámaras y confederacio­nes de empresarios norteños, como la Coparmex, lo que le ganaron al grupo editorial una relación distante y, por momentos, de enfrentamien­to con los gobiernos federal y estatal, que fueron heredadas al diario Reforma desde su salida el 20 de noviembre de 1993.

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Relación distante que per­siste hoy con el gobierno del presidente López Obrador, quien no acepta que su espa­cio sea utilizado para mostrar sus filias y fobias partidistas.

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