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Tabasco

Galardón a Erwin Macario, decano del periodismo estatal

Este 2 de diciembre la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos A.C. y el Colegio de Licenciados en Periodismo le entregarán un reconocimiento por 50 años de ejercicio periodístico.

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En 1947 San Pedro era una aldea de unas cuantas casas, asentada a orillas de un río imponente de aguas azul turquesa, al que habían llegado de distintos lugares hombres esforzados a construir un tramo del ferro – carril del sureste, que poco tiempo después comunicaría a este lugar con Mérida, Yucatán y lo volvería, por su estación, en un punto reconocible en la geografía nacional.

Al igual que Macondo, era una aldea “donde algunas cosas carecían de nombre y se les señalaba con el dedo”, pero que alcanzó un crecimiento fulgurante cuando llegó el tren y quienes lo construyeron y fundaron pudieron ahí obtener prosperidad y ver crecer su descendencia.

Fue el caso don Candelario Macario, gracias a quien un día llegó el hielo y la imprenta a ese Macondo tabasqueño, donde instaló una fábrica que ofrecía paletas y una tienda de abarrotes que contaba con una caja de letras para imprimir letreros o anuncios.

Envolviendo café, frijol y azúcar en papel periódico y manipulando la caja de impresión creció Erwin, el hijo mayor de don Candelario y do – ña Francisca Rodríguez, vecina de la ciudad de Balancán. El primogénito nació en Tenosique “por accidente”, porque de ahí era la partera.

Recibe hoy el premio a su trayectoria.

ALUMNO DE DON LUIS C. MÁRQUEZ

Decano del periodismo tabasqueño, alumno de don Luis C. Márquez, con quien trabajó en el Diario de Tabasco y después en Tabasco HOY, 74 años después Erwin recuerda con nitidez al “Macondo” de su infancia, el del ruidoso ferrocarril, el del río San Pedro que jamás vio desbordar y que surcaban grandes balsas cargadas de madera; el mismo que navegaron los mayas para comerciar y transportar el material para erigir sus portentosos centros ceremoniales.

Ahí fue donde cree haber sentido su primera fijación por la palabra impresa, en diarios con noticias viejas, que sin saber aprendería a armar años después letra por letra. “No fui linotipista sino corrector de pruebas”, aclara en alusión a lo que alguien publicó sobre su trayectoria.

Eran los tiempos en que las redacciones eran salones ruidosos, con olor a café y cigarrillo y la impresión de un periódico ocupaba muchas manos y los ojos de hábiles y acuciosos correctores, que como él, se afanaban en lograr que ningún escritor llamara para señalarles siquiera un error.

De voz rasgada, inconfundible por su acento tabasqueño, El Padrino, como algunos le llaman en alusión a una de sus afamadas columnas políticas, recorre a prisa, pero sin escatimar en detalle, parte de su vida y trayectoria en una entre – vista en ocasión del reconocimiento que recibirá el 2 de diciembre próximo por parte de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos A.C. y el Colegio de Licenciados en Periodismo por 50 años de ejercicio periodístico.

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