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Fuentes nuevas vs ideas fósiles

El debate suscitado por el Acuerdo que emite la Política de Confiabilidad, Seguridad, Continuidad y Calidad en el Sistema Eléctrico Nacional incide en la armonización de la inversión privada con la rectoría del Estado en materias fundamentales. No hay sin embargo referencia alguna a los compromisos adquiridos internacionalmente, ni a las consecuencias de largo plazo que tendrían las actuales decisiones. Entre las propuestas de gobierno del Presidente López Obrador figura: “examinar de forma integral los programas contemplados en la Ley de Transición Energética”, pero no revertirlos como es el caso de los hidrocarburos.

Existe una distancia abismal entre las posiciones de liderazgo que hemos tomado en la esfera mundial y ciertas decisiones internas. Mario Molina, único Premio Nobel en ciencias con el que contamos, censura la suspensión de 17 plantas eólica y solares recordando que “México es el principal promotor de los Acuerdos de Paris, cuya apuesta es el abandono gradual de los combustibles fósiles”, y añade “es un mito asumir la imposibilidad de esta medida arguyendo el uso de los hidrocarburos como único pilar de la economía”. Coincidentemente, en las manifestaciones de izquierda contra las intentonas de Calderón de vulnerar nuestra soberanía energética, propusimos los usos múltiples de los hidrocarburos, no sólo como combustóleo sino en sus más de 1200 formas que reconoce la OPEP a partir de su refinamiento, que afortunadamente el gobierno mexicano esta promoviendo.

A pesar de las de las batallas que hemos librado en el escenario internacional a favor de la transición energética y la mitigación del cambio climático, la matriz mexicana es hoy: 82.88% hidrocarburos, 10.41% renovables, 4.75% carbón y 2.41 nuclear, una “correlación del siglo pasado antepasado”. Disparidad ostentosa entre lo que pregonamos afuera y lo que practicamos adentro. Somos uno de los 10 países más contaminantes del mundo y no podemos dejar para mañana lo que debemos hacer hoy; menos quebrantar compromisos que la 4T asumió en la Estrategia de Transición en febrero de este año: “un sector energético basado en energías limpias y eficientes.

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