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Política de Hoy

Fósiles, chochean

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No hay peor desenlace para un político que terminar chocheando.

Quizás el problema deriva del carácter invisible -en México- de los viejos.

Tratándose de personajes que tocaron el cielo del poder, la oscuridad destroza sus egos.

Es el caso de Porfirio Muñoz Ledo y Francisco Labastida Ochoa.

Muñoz Ledo fue dos veces secretario de Estado, legislador, diplomático, “corcholata”, y presunto autor de la Carta de los Derechos y Deberes de LEA.

Labastida fue también un par de veces ministro del gabinete presidencial, gobernador de Sinaloa, y “corcholata” perdedor contra Fox.

Dos épicos dinosaurios del PRIAN.

Cuando les llegó el ocaso, comenzaron a revelar “verdades” y denostar gobernantes.

“Se desquitan” porque los ignoran.

Para lo único que alcanzan, como los campeones en retiro que en arenas de pueblo sirven de escalón a las promesas, es para ser usados para golpear al régimen.

En política, como en la farándula, pasar desapercibido es la muerte.

Triste final para tiburones de mares transcurridos.

Labastida denunció que “hay indicios” de que AMLO protege al narco y que pactó con Peña Nieto en pago a que en 2018 el PRI le ayudó con votos.

“Cantó” 4 años después de que comenzó a marchitarse en la cruel banca del “eres historia…”

Hoy, más cerca de la tumba que de la resurrección política, declara que Obrador intenta convertirse en dictador; que hay un gabinete de tercera -porque no hay de cuarta-, y un retroceso “muy serio” (sin él) en la clase política.

Y que él, héroe de sí mismo, rechazó la gubernatura que le ofrecieron hasta que estuvo preparado, y “dejó” -como secretario de Gobernación- 400 homicidios por año.

¡Ah!, y los “indicios” son la liberación del hijo del Chapo, el saludo a la madre del capo preso, y las 4 visitas de AMLO a Badiraguato, con 5 mil habitantes, en vez de Chalco, Neza o Azcapotzalco.

¿Qué debería investigarse de EPN?, le preguntó Aristegui.

“Bueno, de dónde sacó tanto dinero…”

Antes no había rateros.

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