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Familia, comunidad de servicio

Hemos entrado ya en la Semana Santa, en la que ordi­nariamente los niños y jóvenes están de vacaciones, muchos hermanos no trabajan y algunas familias se toman estos días de descanso. Pero, desde luego que el sentido original de la Semana Santa está centrado en la persona de Jesús que va a la ciudad de Jerusalén para vivir su misterio de sufrimiento, muerte y resu­rrección. Ahora tenemos la gran oportunidad de cele­brar y vivir la Semana Santa en el hogar que Dios nos ha regalado a cada uno.

En estos días resuena el texto bíblico de Isaías 42,1 que dice: “Miren a mi Siervo, a quien sostengo” y cla­ro que se trata de un texto profético referente a Je­sús de Nazareth que se hizo el más grande servidor de la humanidad. Su venida al mundo no fue para ser servido sino para servir, por eso pudo decir que to­do aquel que quiera ser grande que se convierta en el mayor servidor de todos (Mt 20,26-27). Esta cuestión de querer ser los más importantes, de ser tomados en cuenta se convierte para muchas personas en una exi­gencia equivocada; llegamos a pensar que somos más importantes por tener mucho dinero, por conseguir prestigio abundante, por alcanzar muchos títulos académicos y reclamamos que los demás tienen obli­gación de servirnos.

En la familia, esta manera de pensar, se traduce en que los padres tienen la obligación de servir a sus hi­jos, que la mujer madre tiene que realizar todo el quehacer en el hogar, etc. Esta mentalidad la vamos heredando de generación en generación y se nos olvi­da que la grandeza de una persona se alcanza cuando se convierte en el mayor servidor de todos, de aquí que toda familia está llamada a convertirse en una comu­nidad de servicio.

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