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Familia, almácigo de los valores

Una de las consecuencias que se viven por la pandemia es la ne­cesidad de no poder estar pre­sentes los niños y los jóvenes en las escuelas. Muchos maestros, ante esta dificultad, están tra­bajando con sus alumnos de ma­nera virtual, lo cual es uno de los aportes valiosos de la tecnología actual, pero también se presen­tan casos en que los alumnos no saben qué hacer y no tienen co­municación con sus maestros.

La escuela ciertamente ocu­pa un lugar esencial para la educación de la niñez y la ju­ventud, es el elemento auxiliar que no puede faltar a los pa­dres de familia, quienes son los principales responsables de la educación de sus hijos, pero la educación de un ser humano no consiste únicamente en ad­quirir conocimientos. La for­mación de cada mujer y de cada hombre tiene que ser un trabajo integral, del alma y del cuerpo, de su inteligencia y de su volun­tad, de su necesidad de relacio­narse con Dios, con las demás personas y de poder hacer uso correcto de las cosas. Cuando una familia solo se preocupa de que su hijo adquiera conoci­mientos, puede estar formando un micro hombre, podría llegar a ser incluso un científico, pero un pobre hombre egoísta, indi­vidualista y no un ser humano en plenitud.

La pandemia que vivimos y la necesidad de quedarnos en la casa, está brindando la opor­tunidad a los padres de familia de asumir su responsabilidad en la educación de sus hijos. La primera y principal escuela es el hogar y los primeros maes­tros son papá y mamá; el libro de texto que no puede faltar es el esfuerzo de una conducta ejemplar que invite a los hijos a imitarlos. Los valores mora­les y cristianos que hacen a una persona de gran calidad huma­na, no se aprenden en libros de papel ni virtuales, se forman cuando vemos en nuestra casa la enseñanza de la responsabili­dad, de la veracidad, del servicio, de la disponibilidad, la toleran­cia, el respeto a los demás, el amor a Dios y a nuestro prójimo. Si una familia asume esta tarea, de modo particular ahora, en­tonces sus hijos no perderán el tiempo, todo lo contrario, será la ocasión de formar hombres y mujeres nuevos para una socie­dad renovada.

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