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Estirpe de Rucho

Perrada: Juan Antonio Ferrer Aguilar, arqueólogo al frente de una dependencia de Salud; José Rubén Ferrer Ríos —su no primo—, constructor que vende artículos médicos. Nada inmoral.

El Mayans Show, sin embargo, obligó a husmear. Y para eso es buena la Perra Brava, que hasta los de casa muerde, con perdón de Miguelucho, carnal de Rucho.

En favor de la estirpe honrada de HP, hay que decir: es hijo del fallecido locutor José Rubén, de Patrulla de Medianoche; sobrino de Gustavo Ferrer, ex de TV; y nieto del famoso capitán Adolfo Ferrer Lutzow, del tiempo de Manuel Mora.

La perra husmeadora, que lo tiene por los pantalones, y no quiere soltarle, aunque le tiren agua fría o le enseñen un hueso con carnita —como los que reparte Adán— ladra y ladra como la perra del corrido.

Porque el hambre vieja Evaristo Hernández Cruz le dio a Rucho, es decir a su constructora, la oportunidad de componerle un poco las abandonadas calles y avenidas —y le dio en alquiler el dragón, para sacar algo pues Eva no da paso sin guarache— se tiene que jalarle el collar de castigo a la PB para que no vaya a morder a Adolfo, que es hermano de Rucho y el responsable de Obras Públicas del ambicioso alcalde.

La PB anda rabiosa y no quiere entender: es constructor del distribuidor vial, cuya “segunda etapa fue licitación nacional, ganada por la empresa CM del Golfo del ahora popular Rubén Ferrer. Sus amigos le dicen Rucho”, según filtración mediática.

Famosa la historia de la Limonchi sobre la dudosa reputación, que la PB aplica a Fer Mayans, de quien Rucho se debe alejar más, para no sufrir mordeduras, así como se deslindó de su no primo del Instituto Nacional de Bienestar (Insabi).

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