web analytics
Grupo Canton
Al momento
Director Miguel Cantón Zetina
CARLOS MARÍ / PERIODISTA

Es sobreviviente de cáncer y ahora también de Covid

“La infección me invadió los pulmones sin haber sufrido disnea y que pudo haber tenido un desenlace fatal”.

VILLAHERMOSA. Carlos Marí es un periodista tabasqueño al que le tocó vivir en carne propia los sín­tomas del Coronavirus.

En una primera prueba trataron su enfermedad como faringitis; sin embargo, al paso de los días los sín­tomas eran más pronunciados en su cuerpo, así que decidió hacerse una segunda prueba.

Al dar positivo y con la opinión de amigos especialistas, se internó en el hospital ‘Juan Graham’ de Villaher­mosa, a como lo han hecho muchos tabasqueños.

 

¿Qué enseñanza te dejó la enfer­medad?

Nunca había sentido, y sobre todo, entendido, lo vital que es la respi­ración hasta ahora, que padecí co­vid-19, que la infección me invadió los pulmones sin haber sufrido disnea o dificultad para respirar, y que pudo haber tenido un des­enlace fatal en menos tiempo que cuando tuve cáncer.

Confieso la confusión que viví, como miles, al no saber al princi­pio si realmente estaban enfermo de Covid. ¿Qué decisión tomar? ¿Cómo saber en qué momento debo ir al hospital o si la puedo librar en casa? Aunque presumo ser avispado, me invadió la incertidumbre. Pero también sostengo que los viví con fe.

 

¿Te hospitalizaron?

Estuve internado en el Hospital de Alta Especialidad ‘Juan Graham’, donde mi sentido periodístico me llevó a no sólo vivir la enfermedad, sino a documentar el tratamiento, medicamentos y la atención del per­sonal médico y de enfermeras (os), a quienes por su equipo de protección no se les puede ver más que los ojos y su voz se escucha distorsionada. Ni siquiera es posible conocer el tama­ño real de su cuerpo.

En años atrás (2009), mis pulmo­nes ya habían registrado dos ‘avisos’ de dificultad para respirar. Entonces reaccionaba y tomaba decisiones, pero no entendía lo vital de respirar.

La primera vez fue cuando, por fumar diariamente media cajetilla de cigarros, se me desató una ‘falta de aireación’ en mi oficinita que me paralizó, primero, el brazo derecho, y enseguida la mitad del cuerpo, para caer al piso. Con la ayuda de un amigo que estaba en un despacho aledaño libré lo que pudo haber sido un paro car­diaco o una embolia.

Unos meses después, en mi intento por dejar el tabaquismo, retomé clases de yoga y empecé las de natación, pero fue en la al­berca donde me tocó detenerme y dejar pasar a los compañeros con los que nadaba de un lado a otro, para tratar de recuperar la respiración. A partir de en­tonces dejé los ‘pitillos’ que me echaba desde hacía 25 años; no hubo mejor terapia.

Ahora, con Covid no hubo parálisis de brazo ni momento alguno en el que sintiera que me ahogara, pero el daño avanzaba en lo profundo de mis pulmones y el riesgo crecía en silencio. Era lo que ahora médicos especialistas pueden advertir como ‘hipoxia si­lenciosa’ o ‘hipoxemia’.

 

¿Por qué dices que el Coronavirus es una enfermedad silenciosa?

Porque, a diferencia de otras enfer­medades, cuando el virus SARS-CoV-2 ya está en los pulmones, poco a poco va contrarrestando la oxige­nación en la sangre. Esto ocurre a partir de trombos que complican la circulación arterial, que a su vez obs­truye el flujo sanguíneo a los alveo­los, y de ahí, sobreviene una baja de oxigenación, tanto al cerebro como a otros órganos, por lo que la com­plicación de salud es más abrupta hacia una neumonía avanzada, sin que necesariamente en su evolución se tenga problemas previos de respi­ración o fiebre.

 

¿Cómo te diste cuenta que tenías Coronavirus?

Llegué pasadas las 9 de la noche al módulo del Instituto de Seguridad Social del Estado de Tabasco (IS­SET). Entre los pacientes que es­peraban ser atendidos, era quizá el que se sentía más sano y optimista. Mi intención era que me hicieran la prueba PCR para confirmar si esta­ba enfermo y así, tener la confianza de que estaba actuando a tiempo.

Pero, por haber registrado una oxigenación de 97 por ciento, no te­ner fiebre y contar con una presión arterial de 120/80, el médico que me atendió concluyó en cuestión de minutos: “Sus signos vitales están bien, no se le va a hacer la prueba, le voy a tratar como faringitis… No le voy a revisar la garganta, porque se puede contaminar si no está enfer­mo de Covid o contagiar a otros, si usted lo está”. Enseguida, el médico, que estaba forrado con su equipo de protección personal, me entregó, en una bolsa de plástico junto con la receta: Hidroxicloroquina, Azitro­micina, Benzonatato y Paracetamol.

Partí satisfecho, porque sabía que esa dosificación era práctica­mente la que se le recetaba a un en­fermo de Coronavirus, por lo que reflexioné: “Si es Covid, ya tengo un tratamiento”.

 

Mañana:

Positivo en la segunda prueba… y al hospital