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Es importante la fe en Dios

La vida de un ser humano es ma­ravillosa, tenemos la oportu­nidad de nacer un día, crecer, cumplir una misión, encausar nuestra existencia por donde ca­da persona quiere, trabajar, for­mar una familia, disfrutar de la descendencia, etc. Ciertamente en la experiencia de cada uno, en­contramos muchas satisfaccio­nes; desde luego que siempre con lucha, esfuerzo y sacrificio. Pe­ro esta misma vida no está exen­ta del dolor, del sufrimiento y, al final, de la muerte. Nos gustaría a todos que nuestra vida trans­curriera siempre sin ningún tro­piezo, sin ningún obstáculo para ser totalmente felices, sin embar­go, así es la ruta que seguimos los seres humanos. Cuando todo es prosperidad y felicidad, en mu­chos casos caemos en la tentación de olvidarnos que somos creatu­ras, que un día salimos de las ma­nos de Dios; si la vida nos sonríe y logramos éxitos en la economía, en el prestigio y la fama o en el poder, hasta podemos caer en la soberbia y decir que nosotros no necesitamos de Dios porque to­do lo hemos logrado. El momento difícil se da cuando toca a nues­tra puerta el dolor o el sufrimien­to, cuando nos damos cuenta que el refugio no lo encontramos en el dinero, en los puestos de poder o en el prestigio, ahí no encontra­mos el consuelo o la ayuda moral que en ese momento necesita­mos. Basta recordar situaciones desesperadas por enfermedades incurables, el cáncer, el infarto o cuántas veces un accidente ines­perado que acaba con todas las ilusiones. Es sumamente impor­tante la fe en Dios, conocerlo, sa­ber que somos amados infinita e incondicionalmente por Él, creer que es el único refugio seguro en donde podemos encontrar con­suelo y sanación de las heridas que los momentos difíciles de la vida nos dejan. Pero, sobre todo, Jesucristo, el Hijo único del Pa­dre es quien tiene la respuesta cuando nos preguntamos: ¿por qué el sufrimiento? ¿por qué la muerte?, ya que Él mismo pro­bó el sufrimiento y se entregó a la muerte para redimirnos y pa­ra acompañarnos en nuestras luchas y sufrimientos humanos. Cristo venció a la muerte y salió victorioso del sepulcro y ahora nos acompaña, desde dentro de la humanidad para seguir luchan­do en familia, vencer la enferme­dad y tener la vida en abundancia. “Señor, ¿a quién iremos?, si solo tú tienes palabras de vida eterna”.

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