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Opinión

Errores fatales

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En aquellos lejanos tiempos del dedazo (el dedazo, el destape y la cargada. ¿Se acuerdan?), el primero que se equivocó al designar candidato fue Don Venustiano Carranza Garza, quien siendo Presidente de la República (antes había sido primer jefe del ejército constitucionalista) se inclinó, mal aconsejado por su asesor de cabecera Luis Cabrera, por el Ing. Ignacio Bonillas, quien era poco conocido y a quien los obregonistas le clavaron el apodo de ‹‹Flor de té›› en alusión a una obra de teatro que se estaba presentando en la capital y donde aparecía una pastorcita que nadie conocía ni se sabía de donde venía. Pronto el apodo corrió provocando una carcajada nacional.

Luego, ya sabemos, los sonorenses proclamaron el Plan de Agua Prieta y postularon al invicto General Álvaro Obregón Salido quien finalmente alcanzó la presidencia. A Carranza le costó la vida su error político. Después, le toco equivocarse a Plutarco Elías Campuzano, que pasó a la historia como Elías Calles. En 1934 se recuerda que se inclinó por Lázaro Cárdenas del Río, el cual decidió sacudirse la tutela del llamado “Jefe Máximo de la Revolución”, y hasta lo expulsó del país.

El otro presidente que cometió el error de su vida, fue Gustavo Díaz Ordaz, quien teniendo a su entrañable amigo Emilio Martínez Manatou para sucederlo en el cargo, se decidió por Luisito, que así le decía, y así le fue. Se cuenta que cuando se veía al espejo Don Gustavo, se maldecía a sí mismo por el error fatal cometido.

Miguel de la Madrid Hurtado, un hombre anodino, también se equivocó con Salinas, el mismo lo declaró años después, pues le salió fraudulento y dado a la gran corrupción (en mayo del 2009 Miguel de la Madrid aseguró que Salinas fomentó una gran corrupción entre su familia. Se robó la mitad de la partida secreta).

El último de los equivocados fue la misma hormiga atómica, como le decían a Salinas, pues designó por dedazo a Luis Donaldo Colosio, quien aun siendo candidato, ya le había perdido el respeto y se negaba a obedecer. Y se equivocó dos veces, pues, Zedillo, también le resultó respondón y metió a la cárcel a su hermano Raúl como todos recordamos. La historia no descansa.

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