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Entró a robar y se electrocutó

Desconocido de aproximadamente 30 a 35 años sufrió descarga en subestación eléctrica de Villa Macultepec.

Vestido así como está, con playera azul, short color negro, tenis deportivos de la marca de la palomita y sin calcetas, pareciera que va a echarse una cascarita con sus compas. Pero es de madrugada, el campo está cubierto de neblina y botellas de caguamas. La sombra del hombre avanza entre los condominios, es de madrugada y ni siquiera los perros ladran.

El hombre cruza la calle y camina sobre la banqueta, a su lado se despliega una barda alta, coronada con alambres de púas que hacen imposible penetrar esa fortaleza por arriba.

El noctámbulo rodea la construcción, conoce el terreno, no es la primera vez que lo visita. Sabe también el punto vulnerable para introducirse sin ser visto. Adentro no hay más que cajas metálicas, cableados de cobre y enormes tornillos. El generador

eléctrico produce un zumbido intenso y constante. El paisaje nocturno hace ver a la Subestación Eléctrica de la Villa Macultepec, en el kilómetro 18+500, como una estación marciana sumergida en la niebla.

IBA POR EL ACERO

El hombre revisa minuciosamente la instalación, lo único que le importa es todo lo que sea de acero y cobre, piensa sacarlo todo y llevarlo a vender para ganarse unos cuantos pesos.

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Es joven —aproximadamente 30 años—, y le gusta el dinero fácil. Comienza su trabajo sin mucho esfuerzo, sin muchas ganas. Tiene todo el tiempo del mundo para desenroscar tornillos, cortar alambres y doblar cobre hasta antes de que claree.

Cuando acabe y venda los fierros, irá a desayunar unos tactos con la señora de la esquina, que se pone desde temprano para ganarse el pan de cada día. Se tomará un agua de sabor con el muchacho de al lado de la taquería, que también se levanta temprano para poder llevar a su casa dinero.

PLAN FRUSTRADO

Un tornillo enorme se niega a salir, el hombre se acomoda mejor, para hacer presión con todo su cuerpo, cuando está a punto de sacarlo pierde el equilibrio y se va de bruces contra unos cables de alta tensión, apenas los toca su cuerpo es lanzado hacia atrás como una pelota de béisbol.

La cabeza del hombre se gol pea en la banqueta con fuerza, queda de bruces, boca abajo, no ve el cielo porque aún está oscuro y está nublado. Sus manos quedan extendidas a sus costados, a la altura de sus hombros.

Siente que le duele todo el cuerpo, como si hubiera sido achuchillado por todos lados, no puede pararse ya, quiera gritar, pedir auxilio, pero por su boca escurre un hilo de sangre que va volviéndose lentamente en un charco de sangre debajo de su cabeza.

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LA NOCHE COMIENZA A DESHILARSE

La luz en ese momento se va de la colonia, pero nadie lo nota porque están dormidos. Lentamente también la noche comienza a deshilarse y el cielo pasa de un gris sucio a un azul pálido. Se escuchan los primeros ladridos de los perros.

El hombre ya no escucha el carro de tacos empujado por la señora de los tacos, que se pone a platicar con el muchacho de los jugos.

El ingeniero David Velasco estaciona su camioneta frente a la estación eléctrica. Baja y ensarta la llave en el candado para abrir el portón. Es supervisor. Avanza unos pasos y se detiene.

Su rostro queda estupefacto. Mira el cuerpo del desconocido en un charco de sangre. Está rígido. Ve los tornillos regados a un lado.

Entonces comprende lo que ha pasado. Llama al 911. Explica lo que ha pasado. Dinero fácil, masculla entre dientes cuando ha colgado y ya la operadora no lo oye.

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