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En asaltos a compañías matan a vigilantes

Antes los amarraban; ahora los matan. Se registran más casos de guardias de seguridad asesinados en FRYESA y SERIESA.

VILLAHERMOSA, TABASCO.— Después que los trabajadores terminaron de cenar y se fueron a dormir, el velador comenzó su primer rondín alrededor del campamento. Próximos a los dormitorios, se encontraban los patios de la compañía FRYESA, donde ha­bía desparramadas máquina, tuberías de distinto grosor y un sin fin de herramientas. El hombre recorría todo el perímetro varias veces en la madrugada, sin mayor novedad que el ladrido lejano de algún perro en la noche. Ni los seis o siete empleados que soñaban con volver a sus hogares para estar con sus fa­milias, ni el velador que hacía su enésimo rondín espantando el chaquiste en su frente, escucha­ron los motores de dos vehícu­los que se apagaron justamente en la entrada del campamento, a las tres de la madrugada.

De acuerdo a los primeros reportes seis individuos se in­trodujeron en la propiedad y se dirigieron a los dormitorios. Tras amenazar con armas lar­gas y cortas a los empleados aún somnolientos a que entregaran sus cosas de valor si no querían perder la vida, fueron despoja­dos de sus carteras, relojes, ce­lulares y otros objetos de valor. El velador entró precisa­mente en el momento en que los trabajadores estaban sien­do bolseados y al instante fue derribado por dos de los asal­tantes, quien no pararon de gol­pearlo con unos palos hasta ver que quedara inmóvil en el suelo. Al principio el velador se quejaba de los golpes, pero en cosa de minutos ya no se oyó nada salir de su pecho.

El guardia de seguridad que resguardaba la compañía se dio cuenta del alboroto y entró al campamento, pero los asaltantes ya estaban en fuga. Los vecinos de la ranchería Aquiles Serdán alcanzaron a escuchar el intercambio de disparos. Minutos más tarde lle­garon al lugar agentes de la policía municipal quie­nes realizaron un opera­tivo en la zona sin ningún resultado. Tres máquinas de solar quedaron aban­donadas en un lote bal­dío como único rastro del robo frustrado que costó una vida. La del vigilante.

OTRO CASO AHORA EN CÁRDENAS

Como todos los días, el vigi­lante David hace sus rondi­nes durante la madrugada por las instalaciones de la empresa SERIESA. Tiene 35 años y viaja todos los días del pobla­do C-22 hasta la carre­tera federal, a la altura del kilómetro 124, para cumplir con su trabajo como guardia de seguri­dad privada. Es inicio de semana y apenas arriba al sitio ubicado en la colonia Melchor Ocampo comienza su primera ronda sin ninguna novedad.

Según los primeros reportes policiales, a eso de la mediano­che, el guardia Diego descubrió que un grupo de delincuentes trataba de ingresar a las insta­laciones. Él quiso detenerlos. Pero fue golpeado varias veces en la cabeza con un tubo. Cuando la policía arribó al lugar, lo encontró herido de gravedad, y con un disparo en la pierna derecha. David fue llevado al Seguro Social para su atención médica, pero horas más tarde falleció.

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