Connect with us

Hola, que estas buscando?

septiembre 27, 2021

Columnistas

El virus que borró todas las sonrisas

⚫  La mirada es ahora la expresión para descifrar alegrías, miedos o sorpresas

⚫  El aislamiento, una nueva normalidad para la civilización

Mi perro desconfía cuando me ve con cubrebocas. No me reconoce. Me ladra pensando que soy otro. Me mira con sus ojos saltones —a veces imagino que se ríe de mí—. Todas las criaturas del mundo se mueven hoy con absoluta libertad, excepto nosotros.

La especie más inteligente y dominante del planeta está de rodillas por un bicho. Quizá el perro busca mi sonrisa aprobatoria, amistosa, para saber que todo está bien y recibirme como siempre, moviendo la cola.

Ahora que lo pienso, yo mismo apenas logro identificar a quien pertenece ese medio rostro cuando alguien se acerca para hablarme. Sólo alcanzo a reconocer los ojos. Hoy la mirada es la expresión que nos permite descifrar la alegría, el miedo o la sorpresa en las personas que deambulan con la nariz y boca cubiertas para que el Covid no los mate. De qué sirve que Elon Musk anuncie automóviles que se manejan con autonomía o cohetes que pueden ir y regresar del espacio o neurotransmisores que guarden tus recuerdos en una computadora si no podemos detener a ese microscópico enemigo mortal que se ha apoderado del planeta.

El siglo XXI no ha sido hasta ahora lo que imaginamos, el desarrollo de la ciencia se ha inclinado en gran medida hacia la tecnología del consumo: celulares de alta gama, dispositivos estéticos vinculados a la domótica, pero poco sabemos de la medicina del futuro, de la biotecnología, de qué se ha hecho para proteger la inmunidad del ser humano contra las amenazas biológicas que está comprobado pueden aniquilarnos.

La llegada del SARS-CoV-2 nos ha dibujado un futuro distópico, caracterizado por un declive de la humanidad, semejante a las plagas bíblicas y pestes bubónicas de la Edad Media, que nos ha hecho retroceder a tiempos más lejanos, como el del Cromagnon, porque igual que ellos, nos hemos refugiado.

El aislamiento derivado de la pandemia se ha convertido en sí en una nueva epidemia para la civilización. Lo que borró al Cromagnon —el no ser sociable—, es lo que nos salvó prehistóricamente como especie. La sociabilidad trajo empatía, colaboración, transmisión de saberes.

El paradigma ahora nos dice que individualmente debemos quedarnos en casa, sino eso que nos salvó nos matará (la sociabilidad).

La enfermedad vino con la globalización y se irá solo con ella, pero mientras eso pasa un beso y un abrazo es semejante a matarse.

⚫⚫⚫

 Ahora todas las mañanas que bajo a desayunar saludo a mis hijos mientras ellos reciben clases uno a lado del otro pegados a sus pantallas y con audífonos. Su salón de clases se ha transformado en una retícula de cuadros con imágenes de compañeros y maestros.

Ya no hay chismes a voz bajita mientras explica la maestra, ni miradas cómplices de travesuras, ni recreos a donde correr o jugar futbol hasta sudar. El Covid-19 ha derrumbado por completo a la escuela como espacio vital de las ideas y la convivencia y lo ha reducido a la individualidad y a las charlas de chats por WhatsApp o video llamadas.

Tantas escuelas, tantas toneladas de cemento y varillas inutilizadas. La invención de las aulas escolares con sus edificios inició en la Edad Media y así se conservó casi intacta hasta nuestros días, hasta que alguien con un simple estornudo causado por un extraño resfriado que puede matar a cualquiera las inutilizó y de paso puso en duda si invertir en ladrillos y cemento seguirá siendo el futuro de la enseñanza.

Reflexión aparte es pensar ¿cuántos niños podrán aprender bajo este nuevo método? Si con maestros presenciales no levantábamos el nivel educativo. Y qué decir de las zonas pobres y marginadas donde apenas hay luz, no conocen el internet y en los hogares no alcanza para comprar un televisor.

El caso está que aquel chino que se almorzó un murciélago y liberó el letal virus abrió una caja de pandora que ha hecho repensar todo. Muchos empleos no han sido tan necesarios en esta crisis, la pandemia paralizó, por ejemplo, de un plumazo a la burocracia y no pasó nada.

El confinamiento ha permitido revalorar ahorros en el uso de infraestructuras (luz, agua, limpieza) y los costos que la movilidad conlleva tanto en dinero como en tiempo y contaminación. Claro que es un tema amplio para el debate, pero en un sentido práctico podemos decir que el mundo no se paralizó del todo, que muchas empresas lograron seguir adelante trabajando a distancia.

Si reflexionamos los ‘nuevos’ tiempos nos enseñan que debemos ser empáticos, colaborar en equipo, valorar lo que la naturaleza recuperó en su esplendor mientras estuvimos aislados, vivir vidas mas sencillas, sin vanidades, ni narcisismos.

Mi perro no usa cubrebocas porque el virus no amenazó a los animales, ni a los árboles, quizá porque ellos no son el problema en este planeta y si un día desaparecemos seguramente serán más libres y felices en la tierra.

 

«Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir».
FRANÇOISE SAGAN

 

TWITTER: @HECTORTAPIA_
@ELTABASQUENOMX
Comentarios: [email protected]

Te puede interesar

Advertisement