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El Tabasqueño

ORÁCULO ELECTORAL

 

Tabasco sin ideologías ni partidos; del priismo… al grupismo

Una coalición del PAN-PRI-PRD iría en ruta al precipicio

 

En un principio Tabasco era un edén político. Desde la Quinta Grijalva se manejaba todo sin oposición alguna enfrente. Ni par­tidista ni social. El gobernador en turno estaba por encima de todo y de todos. Era el estado de un solo hombre y de un solo partido, el PRI: Madrazo, Trujillo, Wade, González Pedrero… y así fue por ocho décadas.

Pero tres golpes bastaron para que ese edén se transformara en un infierno verde: 1. La frag­mentación del PRI; 2. La llegada de la oposición; y 3. La caída de Neme por conveniencia del grupo madracista-gurriista, que generó un cisma mayor, que, amén de duplicar los costos políticos en el estado, hizo caer a Tabasco en una división entre el lópezobradorismo y el madracismo polarizantes, de la que no ha podido salir.

Como una tercera vía a esas dos corrientes antagónicas, surgió el granierismo, pero el encar­gado de la política estatal nunca pudo desempe­ñar el papel de unificador de grupos y corrientes, aún y que en ese momento hubo condiciones, se desaprovecharon, dizque en aras de la construc­ción de una candidatura gubernamental que nunca cuajó.

 

Es así que Tabasco pasó de ser un paraíso del PRI (que le ofrecía a sus gobernantes un poder absoluto) a una sociedad de familias poderosas que transitaron del tricolor al grupismo político, que no al partidismo, pues más que ideología su eje de atracción fue la ambición política y económica.

Para constatar ese grupismo prevaleciente, sólo hay que observar cómo en el actual régimen político hay ‘morenos’ de ocasión incrustados en secretarías de gobierno, alcaldías y diputaciones locales y federales. Son camarillas que se mueven en diferentes franquicias políticas a conveniencia, sin ética, ni formación ideológica.

 

Aunque parezca difícil ante la cercanía de las elecciones intermedias en el estado, el goberna­dor Adán Augusto López Hernández podría encontrar su verdadera fortaleza, no en el número de votos que le aportó López Obrador, sí en un auténtico trabajo de conciliación estatal, de manera que a través de él se construya un lideraz­go institucional, con un gobernador de todos los grupos y corrientes, capaz de convocarlos a una genuina reconciliación estatal y no que sea sólo de discursos, de membrete.

El gobernador debe hacer un llamado a la unidad política, y si no quiere tener diálogo directa con partidos y ciudadanos opositores debería designar un interlocutor válido para entenderse con ellos.

 

El 10 de septiembre un grupo de políticos priistas, panistas y perredistas difundieron una fotografía de lo que llamaron «primera reunión de aproximación» con la intención de formar una coalición con interés similar a la que sus partidos buscan a nivel nacional para participar en el próxi­mo proceso electoral estatal que iniciará formal­mente en ocho días.

 

¿Qué elementos motivan a este grupo de políticos —algunos de ellos incompatibles— para intentar formar una coalición electoral? Lamenta­blemente se observa que no es otra que la ambición y el oportunismo político, que gracias al propio grupismo facilitan este tipo de acuerdos.

Tabasco requiere que los partidos políticos pos­tulen a cargos públicos a personas bajo un mínimo de reglas, que sean congruentes y con un alto sentido ético y de lealtad.

Los líderes del PAN, PRI y PRD están en su dere­cho de buscar la sobrevivencia política en el estado, pero sería muy importante que reflexionen bien los pasos que van a dar, que no ofendan a sus militan­cias, pues los perredistas son más afines a Morena que al PRIAN, por lo que verlos juntos en una coa­lición podría ofuscar a la militancia y generar un rechazo como ya ocurrió en la elección del 2018.

La creación de una coalición debe traer un impulso, una animadversión notable en contra del o de los gobiernos. ¿Cuál sería el poderoso estímulo que permitiría una estrategia así? ¿Cuál es el cami­no del antagonismo que podrían aprovechar?

Les recuerdo que en el TrakingPoll de agosto que realiza Consulta Mitofsky Tabasco ocupó el primer lugar en estados que aprueban el desem­peño del Presidente tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, con un 75.9 por ciento. La fuerza de AMLO aún es tan robusta que tiene a Morena arriba en 13 de 15 gubernaturas.

La clave para ellos, pienso que no sería crear un frente que genere rechazo, sino con inteligencia acordar candidaturas fuertes en municipios y distritos claves e impulsarlos de forma individual, es decir que la coalición sea operativa, no figurativa, no de membrete.

Luchar contra la 4T y sus 12 poderosos pro­gramas sociales que llegan, según la propia Coor­dinación Estatal de Programas Federales para el Desarrollo, a 563 mil tabasqueños, está muy complicado, aún cuando el actual gobierno estatal no ha sido brillante, sí ha sido astuto al plegarse completamente a las políticas que dicta el Presiden­te, además de manejar un perfil discreto y ordenado en las finanzas públicas.

Apostarle a las fallas de los ayuntamientos, a que la refinería no salvará a Tabasco, o al discurso de que el Presidente no ha ayudado al estado como se esperaba, no son argumentos que impulsen una antipatía con la fuerza de reunir electores en un solo frente.

Menos, si en la franquicia van juntos rivales como el PRD-PRI. Juntarlos es como si Chivas y América se transformaran en un sólo equipo (ChiAme) en la Liga MX y esperáramos que se coronaran campeones.

Si priva el protagonismo, ante el recelo de ser desplazados, tendrán coalición, pero será contra­dictoria, confusa y bisoja.

El domingo 4 de octubre iniciará legalmente el proceso electoral local ordinario 2020-2021, a partir de esa fecha tanto el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPCT) como los partidos políticos, tendrán 245 días para reclutar, capacitar, seleccionar candidatos, iniciar campañas políticas y enfilarse a la elección del domingo 6 de junio de 2021, que moverá, como cada comicio, la historia de Tabasco.

Decía Octavio Paz que «la democracia es una creación histórica, una invención cultural» y en nuestro estado —como en otras regiones del país— tenemos una democracia frágil, que en los últimos años pasó de la ‘partidocracia’ a la desaparición de los partidos como factores de peso y representación real.

¿Cómo llegan los partidos políticos con presencia en Tabasco al proceso 2021? ¿Qué dicen sus propios números? A continuación y en un ejercicio perio­dístico de análisis con base a la evolución que han mostrado en las últimas cuatro elecciones locales —y teniendo como referencia los resultados para diputa­ciones locales, que son los que más votación registran estadísticamente— presento los siguientes posibles escenarios de resultados:

  1. LA OPOSICIÓN. Se estima que los partidos PAN, PRI y PRD, pueden obtener una votación individual de 20,074; 114,034 y 121,153 respectiva­mente; logrando una votación conjunta de 255,261 sufragios en las urnas, que serían menores a los 280 mil votos alcanzados entre los tres partidos en la elección del 2018.
  2. MORENA. El partido en el poder rondaría cerca de los 500 mil votos y lejos de los 674,532 su­fragios obtenidos en la elección pasada, esto tomando en cuenta la inhibición natural de unas elecciones sin candidatos a Gobernador ni Presidente en la boleta.

De concretarse una alianza entre el PAN-PRI-PRD se reduciría la contienda a dos opciones electorales, la integrada por estos tres partidos y la ofrecida por Morena y sus posibles aliados. El reto que tienen por delante es superar sus números a fa­vor, en un proceso en el que el otro enemigo a vencer es el abstencionismo. Innegablemente los puestos que logre la coalición serán mayores de los que pueda lograr de forma unitaria.

No debe perderse de vista que, de acuerdo con la evolución de los resultados publicados por el IEPCT, el PVEM podría alcanzar una votación de 53,221 sufragios, lo que no es nada despreciable para las dos posibles fuerzas electorales que lo pue­dan integrar con miras al 2021.

De cumplirse este oráculo electoral, después del 2021 sólo podrían sobrevivir en Tabasco: Morena, PRD, PRI y el PVEM. La resurrección del PAN y del PT se mira muy difícil.

Pero no nos entusiasmemos, ni nos preocupe­mos tanto, porque como dice Felipe González en su ensayo Porqué pensar la gobernanza, que es parte del libro ¿Quién manda aquí?, «la democracia no garan­tiza el buen Gobierno, lo único que garantiza es que podemos echar al Gobierno que no nos gusta. Esa es la gran diferencia con la dictadura».

 

«El Poder no es nada si excluye la posibilidad de elegir».

MARIE VON EBNER-ESCHENBACH

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