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EL TABASQUEÑO – Un tabasqueño indescifrable para el sistema

La ruda franqueza de un Presidente diferente

El Ha desnudado al «establismen» político y exhibe sus vicios

 

Retomo un polémico artícu­lo de opinión de Enrique Krauze publicado en 2006 y al que tituló con jiribi­lla: El mesías tropical. El historiador intentó retratar en aquel entonces a quien ahora es Presidente de la República, a partir de una conversación con él. Ahí Krauze apunta: «yo recor­daba que Tabasco no había dado un solo presidente a México» y el intelectual lo atribuía —como posible pista— a lo que López Obrador le dice en aquel momen­to: «a los tabasqueños se nos dificulta mucho acostumbrarnos al Altiplano, es otra cultura; también a mí me ha costado trabajo adaptarme».

En aquella conversación el macus­panense leyó un párrafo extraído de su libro El poder en el trópico que muestra un trazo del modo de ser del hombre del sureste: «en Tabasco la naturaleza tiene un papel relevante en el ejercicio del poder público. En consonancia con nuestro medio, los tabasqueños no sabe­mos disimular. Aquí todo aflora y se sale de cauce (…) y brota con facilidad la ruda franqueza».

Esta descripción coincide en todo con la que anteriormente había escrito el gran novelista tabasqueño Andrés Iduar­te, leído también por Andrés Manuel. «Todo el Sureste es apasionado, más lo es el tabasqueño… arde en la vigilia y en el sueño, cuando calla y cuando habla, cuando ama y cuando odia… como todas las formas de la energía, es riqueza apro­vechable; pero antes de que se le encauce, puede ser maldición que conduce a la tragedia inútil, que enrojece la pupila del hombre, que lo lleva a vivir la vida ciego de furia, ayuno de razón y de juicio».

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Quizá en eso podría residir el hecho de que políticos, empresarios, opinólogos e intelectuales no entiendan la perso­nalidad del Presidente de la República. Quién es él y por qué está llevando a cabo lo que emprende. Están acostumbrados al viejo «stablishment» mexicano, creado y moldeado en la altiplanicie mexicana.

López Obrador, además de ser el pri­mer Presidente tabasqueño de la historia, es un arquetipo diferente de gobernante, ajeno completamente a los últimos cinco (Salinas-Zedillo-Fox-Calderón-Peña). A la personalidad y al tono del mandatario hay que agregarle un principio fundamental que es además la esencia de su gobierno: la honradez y el combate a la corrupción. Por eso quienes lo atacan no han podido com­batirlo como quisieran. No lo entienden.

Tan no lo entienden que Jorge Casta­ñeda ha llegado a decir sarcásticamente que «a lo mejor [actúa de esta manera] porque es tabasqueño, porque quién sabe cómo son los tabasqueños, porque pueden ser como los de Brasil». O el propio Calde­rón que osadamente también le ha faltado el respeto a los que aquí vivimos, diciendo «no se sabe si [López Obrador] es mexica­no o es tabasqueño».

Lo sustantivo es que la integridad polí­tica y moral del Presidente es lo que llevó a que 30 millones de mexicanos votaran por él y hoy lo respaldan, para confirmar­lo únicamente hay que ver las encuestas preelectorales que ponen a la cabeza a Morena en 13 de las 15 gubernaturas que se elegirán el próximo año.

No comprenden a López Obrador porque él nos está enseñando a descubrir un México que no conocíamos. Porque al recorrer el país [y en la forma que maneja la comunicación social] estamos viendo a ese México escondido que no conocíamos, estamos observando también —y con más detalle— el México de la corrupción.

Con el Presidente estamos redescubrien­do que hay «los otros Méxicos», que los estamos viendo y que no los veíamos antes, que eran invisibles para nosotros y él en sus recorridos los está visibilizando, como tam­bién ha visibilizado tantos problemas que ya se habían «normalizado» como el hua­chicol, además de una pila de anormalida­des y quimeras políticas que han sido parte del sistema político mexicano y que habían permanecido ahí, ocultas y que ahora él las está evidenciando.

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También se ofenden los periodistas y los ‘opinólogos’ porque no comprenden por qué el Presidente les responde desde la maña­nera o desde sus redes sociales cuando lo golpean en las primeras planas de los dia­rios, acostumbrados a exhibir a los políticos sin recibir respuestas o a ser llamados a callar mediante acuerdos.

Por eso han desatado una campaña de odio incontrolable, tóxico y pernicioso con el propósito de exponerlo como inepto para el mandato. Apenas ayer viernes, ante un desplegado firmado por 650 intelectuales y periodistas, el Presidente respondió con claridad: «quieren el regreso de la podre­dumbre».

En el altiplano no logran descifrar a ‘El Peje’, pensaron que lo que decía en las plazas públicas era solamente un discur­so y que tras el triunfo electoral —a como otros— todo seguiría igual, que se repeti­rían las mismas fórmulas, pero no, López Obrador le está quitando la máscara al sistema y por primera vez en la historia, estamos viendo crudamente a ese engendro llamado sistema político mexicano, total­mente desnudo.

Y al destaparlo el hedor es insoportable, porque todos están embarrados con esa podredumbre.

 

 

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El precio de la

grandeza es la

responsabilidad».

WINSTON CHURCHILL

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