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El Tabasqueño

Manual para elegir a nuevos secretarios

 

  • ¿Por experiencia?, ¿por figura?, ¿por inteligencia?
  • La prioridad de Adán: que su gobierno salga favorecido

 

Bien a bien, nadie sabe cómo escogen los gobernadores a sus funcionarios. Recordando al periodista Manuel Buendía, reconstruiré un efectivo ejercicio propuesto por él para no fallar a la hora de elegir a esos prohombres y mujeres que cambiarían el destino de la historia.

Primero hay que tomar en cuenta que se supone que la experiencia cuenta, pero experiencia ¿en qué? Ha habido secretarios que tenían experiencia reciente en billar, dominó y cubilete, pero no en política; empero, al volver del rancho un día, el afortunado se encontró con un nombramiento gubernamental.

¿Por la figura? Un especialista en imagen podría decir que en los últimos sexenios solo un dos por cien- to de los funcionarios tenían apariencia de tales.

¿Por la inteligencia? Se entiende que la inteligencia debe ser un factor importante; pero es algo que no se puede garantizar. Dice Buendía que de pronto, un secretario de gobierno comienza a dar signos de bajo coeficiente mental, y a menos que haya oportunidad de nombrarlo alcalde o diputado, mantiene el cargo pese a todo.

Si usted fuera gobernador y ahora mismo estuviera a punto de reformar su gabinete, ¿sobre qué bases haría la selección?

Quizá lo más hábil de su parte fuera poner determinadas pruebas a los aspirantes. Veamos.

Hacer que un presunto secretario condujera su vehículo para dar tres vueltas completas a la avenida Universidad (en plena obra del distribuidor vial) a las 8 de la mañana de un lunes, eso demostraría temple de carácter y estabilidad del sistema nervioso. Actualmente un Ejecutivo Estatal no puede permitirse el lujo de tener funcionarios pusilánimes.

Pedir a otro que guarde el auto en casa y salga a la calle para tomar un taxi, revelaría audacia y buena estrella si encuentra el taxi, y una sobresaliente capacidad de negociación si logra que el chofer no le acabe mentando la madre por abusivo al pagar la cuenta. Los tiempos que se avecinan exigen secretarios de gobierno a quienes las cosas les salgan tan bien como si trajeran un amuleto en el bolsillo.

La tercera prueba consistiría en hacer que los aspirantes fuesen a las oficinas del registro civil para pedir una copia de un documento y luego a un Centro de Salud a solicitar asistencia médica «de urgencia». Esto le permitiría conocer a los que son capaces de controlarse bajo cualquier grado de provocación.

Después vendría una demostración de estricto valor personal. A quienes acostumbran a comer en restaurantes de lujo, se les pediría que con un notario junto a ellos, comieran todo esto el mismo día en puestos del mercado Pino Suárez: cinco tacos de cochinita, dos de lechón con castacán, un panucho de pavo con harto chile encurtido y cuatro churros para amarrar. Para deglutir, unas aguas frescas y un vaso de horchata con leche clavel. De postre —o para empezar, según el temperamento de cada quien—, una jícama rebanada, con su jugo de limón y chile molido, un raspado de grosella, y una rebanada de sandía sobre la que negreen no sólo las semillas sino también las moscas. Por la noche, una tortita cubana, cuatro empanadas de carne molida, dos «flautas» y una lechita de fresa o vainilla.

Es muy importante esta prueba de valor porque ya se sabe que gran parte de las desgracias del estado surgen cuando los secretarios quieren dejarle todo al gobernador, por puro y simple miedo a enfrentar ellos mismo los problemas. La prueba sería también de lealtad, porque nadie que no fuera absolutamente leal sería capaz de arriesgar la vida tan estúpidamente.

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Me dicen los que saben y entienden de política que en el anuncio que hará el gobernador mañana domingo no hay improvisación, es un ajuste largamente planeado, que requiere de estrategia política y electoral; es un tablero donde las piezas que se muevan deben servir para determinados objetivos y además deben encajar con los requerimientos de género que marca la Ley Electoral del Estado.

Además hay que ponderar que las elecciones intermedias le abren una buena oportunidad al gobernador para reestructurar su gabinete. Que aquellos que se quisieran ir y espontáneamente presentarán su renuncia dejarán espacios que le permitirán a Adán Augusto integrar a otros cuadros, que aparte de que refuercen el equipo le sirvan para abrirle espacio a otras corrientes políticas con méritos suficientes.

La decisión que tomará el gobernador no debe ser vista como una acción ligera, pues él tiene muy claro que de los cambios que haga, su gobierno debe de resultar favorecido.

Es la oportunidad de Adán de realizar cambios —y vaya que hay que hacerlos— para transitar mejor a la segunda mitad de su mandato constitucional, sin duda alguna el gobernador está preparado para ello. Ojalá y que si hay sorpresas todas estas sean buenas.

¿Quiénes son los que podrían verse involucrados en el retiro o el reacomodo? Los nombres son de sobra mencionados: Marcos Rosendo Medina, Guillermo del Rivero, Mario Llergo, Oscar Palomera, María Luisa Somellera, ellos irían por candidaturas a diputado federal, diputado local y presidente municipal de Centro.

Esto le abre la posibilidad al gobernador de tener libres cinco importantes vacantes: la Secretaría de Gobierno; la Secretaria del Bienestar; la Coordinación de Asuntos Jurídicos y la Vocería de la Gubernatura. ¿A quiénes pondría ahí?

¿Quiénes de adentro o de afuera pudieran ser? ¿Invitaría a nuevos funcionarios o seguirá con los mismos? Es ahí donde entra la especulación de los escenarios:

LOS QUE SE VAN:

  • Oscar Palomera Cano (con un perfil similar al deBetty Milland) podría ir al Congreso Local.
  • Marcos Rosendo Medina Filigrana podría ir a una diputación federal.
  • Mario Llergo Latournerie podría transitar hacia la candidatura del municipio de Centro.
  • Malú Somellera iría por una diputación local.

LA SORPRESA:

  • El que llegará a la Secretaría de Gobierno es Emilio Contreras Martínez de Escobar, un gran amigo del gobernador, leal y de todas sus confianzas. Quienes ven en esa posición a Jaime Lastra yerran, pues él ya desempeñó ese lugar con Enrique Priego y Manuel Andrade. Repetirlo ahí mostraría al actual gobierno sin recursos humanos y sin imaginación política.

Muy seguramente Adán Augusto López Hernández tuvo tiempo suficiente para armar sus fichas y en unas horas sabremos si hay sorpresas. Mientras, todos son borregos y más borregos. Un sabio político me dice: «Es como jugar a las escondidas, riéndose de los que se despistan». Lo importante es que en los tiempos de cambios… nada mejor que hacer los cambios y más en los tiempos de gravedad que atraviesa el estado que requieren menos retórica y más acción. Esperemos.

 

«Cuando tiene

que decidir el corazón

es mejor que decida

la cabeza»

ENRIQUE JARDIEL PONCELA

 

 

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