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El Tabasqueño

Javier May, ¿vino en serio o «a jugar»?

 

  • La salida en falso de un secretario de Estado
  • Inundaciones, Peñitas e incapacidades

 

Cuenta una anécdota muy difun­dida entre los políticos tabas­queños, que corría el año de 1946 cuando el destacado lingüista y lexicógrafo Francisco J. Santa­maría decidió participar como candidato a gobernador de Tabas­co. En aquel entonces se encontró con un antiguo alumno suyo —Gonzalo Mar­tínez de Escobar— quien competía por el lado del «trujillismo» local y que confundido por su aspiración le preguntó:

—¿Qué, usted también viene «a jugar», maestro? —Dada la estatura nacional del intelectual nacido en Cacaos, le extrañaba que el polígrafo transitara por la política, a lo que don Francisco le respondió:

—¿Yo «a jugar» Gonzalito? No. «A jugar» vendrás tú, que eres un muchacho. Yo vengo en serio. —Y «jugó» tan en serio J. Santamaría que con el respaldo del Presidente Manuel Ávila Camacho fue candidato, ganó la elección y gober­nó de forma ejemplar a Tabasco por cinco años.

Tampoco vinieron «a jugar» Leandro Rovi­rosa Wade cuando en 1976 don Hernán Rabelo le organizó un gran recibimiento en el aeropuer­to; ni Enrique González Pedrero cuando en 1982 se asomó discretamente y se dejó ver por El Bellote junto a Mario Valenzuela.

Ninguno de ellos vino «a jugar», vinieron cuando tenían que venir y lo hicieron en serio. ¿A qué vino Javier May a Tabasco faltando cuatro años para la sucesión en Tabasco?

May no vino «en serio» a buscar la guber­natura de Tabasco, pues aún están muy lejos los tiempos, pero su designación como represen­tante del Presidente Andrés Manuel López Obrador para atender la emergencia causada por la inundación, sí despertó un celo político del grupo cercano al gobernador Adán Augusto López Hernández, que se sintió desplazado por el secretario del Bienestar en la entrega de ayuda al pueblo que gobierna.

Un error de cálculo del Presidente, quien en un afán de demostrar que sí le preocupó lo que le sucedió a sus paisanos decidió de forma abrup­ta enviar al secretario responsable del ramo, sin medir el ruido que causaría la transfiguración de Javier May en un ‘AMLOCITO’, que marea­do en un ladrillo, decidió echarse al hombro toda la organización y entrega sin hacer equipo con Adán y los alcaldes de los municipios afectados.

May no vino en serio, vino «a jugar» a ser aspi­rante a la gubernatura, hizo una salida en falso, apresurada, arrebatada, propia de un mucha­cho [Santamaría dixit] y no de un secretario de Es­tado que aspira de verdad, un político profesional.

Le faltó altura de miras, cuidado a las formas, sumarse institucionalmente al gobernador en turno y convertirlo en aliado, aún con las diferencias de grupo, olvidar que pertenecen a diferentes intereses. Era la oportunidad de demostrarle a Adán que es confiable y no un oportunista que no sabe medir los tiempos y confunde una instrucción presidencial como un banderazo de salida que se debe aprovechar.

Además, la inundación puso en evidencia a Morena en el gobierno, pues el Presidente fue omiso al permitir que CFE siguiera operando las presas a su voluntad (como siempre) y no midió que al hacerlo afectaba, como todos los gobiernos anteriores, a los tabasqueños.

Su segundo error fue ignorar el desastre cau­sado por las presas e irse de gira al norte del país y luego tratar de remediarlo con decisiones no meditadas, enviando a Javier May a resolver un problema sin respetar a su ‘hermano’ el goberna­dor, lo que originó un desconcierto que provocó bloqueos simultáneos como nunca se había visto.

Adán tampoco supo reaccionar a la altura del problema que tenían los tabasqueños de las periferias [siempre espera a lo que diga el Presidente]. Cuando decidió recorrer las zonas inundadas hubo improvisación, no iba respal­dado de un plan de ayuda que involucrara a su gabinete (desaparecido), le pedían bombas para sacar el agua y no llevaba ni costales vacíos para echar arena, por ello salieron las odiosas compara­ciones con el memeable «Químico» Granier.

Protección Civil también resultó rebasado, no tuvo información detallada, los comités municipa­les no dieron reportes oportunos de la situación, no se tuvieron números certeros de afectados.

Y en medio de ese caos, May no vino a dar cer­teza y fortalecer al gobierno, vino «a jugar» a ser gobernador y en ese afán protagonista quedó entram­pado, hoy miles de afectados lo ubican como el responsable de que no les haya llegado ayuda, ya lo tienen marcado y eso sí le puede costar la oportu­nidad de ser candidato a gobernador en 2024 en serio.

Los hechos podrían cerrar el oxígeno a las as­piraciones de May. El 1 de octubre el Gobierno del Estado emitió una declaratoria de emergencia que incluyó los 17 municipios del estado afectados por inundaciones, sin embargo el documento no señala el número de damnificados ni las comunidades anegadas en particular.

Veinte días después el gobierno federal publica en el Diario Oficial de la Federación (DOF) declaratorias de emergencias para los municipios de Cunduacán, Jalpa de Méndez, Nacajuca, Centro, Balancán, Jalapa, Tacotalpa y Teapa (DOF 14 de octubre); y para Macuspana el 20 de octubre. Estos manifiestos se expiden para que el estado de Ta­basco pueda acceder a los recursos del Fonden.

Lamentablemente mientras Tabasco se convul­sionaba por falta de apoyos urgentes, el Congreso Federal consumaba el 21 de octubre la extinción de los 109 fideicomisos públicos, entre ellos desde luego el Fondo de Desastres Naturales (Fon­den), que requerían los tabasqueños.

Debido a que el desastre fue por inundación, les correspondía a la Comisión Nacional del Agua y al Instituto Estatal de Protección Civil organi­zar un padrón para la entrega de ayuda inmediata del Fonden que consiste en arena, costales, picos, palas, víveres, colchonetas y agua.

Como en la inundación se reportó la pérdida de muebles y electrodomésticos, el gobierno federal habilitó un apoyo especial extraordinario de 10 mil pesos, pero en vez de utilizar el padrón que Cona­gua y Protección Civil presuntamente debieron haber realizado para la declaratoria de emergencia, la Secretaría del Bienestar hizo uno propio inician­do de cero, sin conocerse las reglas de operación y habiendo pasado entre 15 y 20 días después de la inundación lo que hace difícil saber quién en verdad sí fue afectado y quien no.

Tal parece que la idea era proyectar a un secre­tario federal preocupado por sus paisanos, pero hasta eso salió mal.

 

 

«No podemos resolver

problemas pensando

de la misma manera

que cuando los creamos»

ALBERT EINSTEIN

 

 

 

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