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El Tabasqueño

Por Héctor Tapia

 

GERARDO, EL ACELERADO

 

  • Lo que a otros les lleva 30 años a él le tomó ¡un sexenio!
  • Se echó a perder, se corrompió, no tiene principios: AMLO

 

 

El 4 de noviembre de 2017, iba yo a bordo de una camioneta al lado de Gerardo Gaudiano Rovirosa, presidente municipal de Centro. El motivo era una gira con el gobernador Arturo Núñez por la municipalidad. Mientras circulábamos, el edil no desaprovechaba ni un instante para mostrar con avidez al viejo político los avances que iba logrando en la ciudad.

—¡Mire aquí, don Arturo!, ya quitamos los retornos que no permitían mejor fluidez del tráfico en ambos lados del crucero de Ruiz Cortines y Paseo Tabasco —le señalaba Gaudiano al gobernador, como un alumno que expone ante su maestro.

Inmediatamente después, Gerardo estaba al teléfono, llamándole a uno de sus funcionarios, interrogándole de una instrucción suya que no se había concluido… Al pasar por otro punto de Villahermosa, volvía a la carga con el inexpresivo Núñez, mostrándole ahora una «obrita» de embellecimiento, a lo que este asentía con la cabeza o a lo mucho agregaba algún comentario corto.

Todo el viaje, de ida y vuelta, fue así. Estoy seguro que no fui el único en percibir cómo el febril novicio político obcecadamente mostraba al gobernador sus aciertos, como un nervioso estudiante que intenta convencer —y convencerse— de que está listo para aprobar de grado en la escuela.

De pronto, le cambió el rostro, a mitad de la inauguración de las instalaciones del Ifortab en el fraccionamiento Lagunas, un grupo de mujeres empezó a gritarle: «¡Gaudiano, mentiroso!, nos engañaste, ¡cúmplenos!». Todo el evento estuvieron ahí, gritándole.

—A esas mujeres me las mandó Ángel Solís Carballo.

—¿Qué te hace pensarlo?

—Son maestras, me acaban de escribir que trabajan para él.

—¿No te quieren dejar pasar?

—Pues no sé. Son berrinches de él.

Solís Carballo era secretario de Educación y al parecer había tomado partido con el que se decía entre los nuñistas sería el candidato del gobernador: José Antonio de la Vega Asmitia, quien al final no creció en las encuestas.

Un mes y días después de aquella apresurada demostración de resultados —el 22 de diciembre de 2017—, el acelerado Gaudiano y cinco aspirantes más fueron citados por Arturo Núñez a la Quinta Grijalva, donde Manuel Granados, dirigente nacional del PRD, despejaba la incógnita: Gerardo sería el candidato del Sol Azteca al Gobierno de Tabasco; sólo Mier y Teherán le levantó la mano; los otros cuatro se fueron echando rayos.

El examen estaba aprobado.

                         …

En sólo seis años, Gerardo Gaudiano Rovirosa —nieto del ex gobernador de Tabasco y poderoso ex secretario de Recursos Hidráulicos, don Leandro Rovirosa Wade—, pasó de ser diputado federal (2012-2015) a Presidente Municipal de Centro (2016-2017) y, posteriormente, candidato a gobernador del estado (2018) por el PRD. Escaló oportunidades de una manera vertiginosa; lo que a otros les lleva 30 años, a él sólo le tomó ¡un sexenio! Claro que ayudó el apellido, su juventud pero sobre todo, su ambición.

Así como acelerada fue su carrera política en el Sol Azteca, también fue precoz su contacto con las mieles del poder y el dinero, desde la presidencia de la Comisión de Recursos Hidráulicos de la Cámara de Diputados Federal, en 2013.

Durante el gobierno presidencial de Enrique Peña Nieto —el más corrupto de la historia reciente— se entregaron a los diputados federales de esa legislatura «moches institucionalizados» para que bajaran recursos a sus estados, lo que terminó contaminándolos, pues por autorizar obras a estados y municipios cobraron porcentajes.

El propio Gaudiano reconoció públicamente que como presidente de la Comisión de Recursos Hidráulicos tuvo acceso e influencia sobre una bolsa de 62 mil millones de pesos, que puso al «servicio de Tabasco».

Algo sabía el entonces presidente de Morena a nivel nacional, Andrés Manuel López Obrador, que lamentó en una visita a Tabasco, el 20 de diciembre de 2015, que «Gerardo Gaudiano… ya se echó a perder, se corrompió, no tiene ideales ni principios».

Atinado como suele ser el ahora Presidente tabasqueño, su señalamiento terminó confirmándose más tarde: los negocios escandalosos de Gerardo con el grupo Cancún, el alquiler amañado de vactores chatarra por 49 millones de pesos siendo alcalde y otros intereses que lo exhibieron.

Tristemente un joven que prometió representar a una nueva generación de políticos —en su campaña para gobernador amenazaba con jubilar a la vieja clase— terminó tocado por la corrupción «peñista». Él no lo sabía, pero al aceptar ser parte de esos «moches institucionalizados» dejó de ser un «cachorro político», pues empezó a ver la política como una forma de hacer dinero y no como lo hacen los auténticos «animales políticos», usar el dinero para hacer política.

                         …

Hoy Gaudiano lucha con ese estigma, se nota lastimado, su rostro se endureció, en público se le observan gestos y palabras ásperas de enojo. Ahora la suerte le ha cambiado, esos seis años maravillosos de crecimiento han pasado y aún no digiere la derrota electoral de 2018, en la que el ahora gobernador obtuvo 601 mil 987 votos, contra los 189 mil 564 sufragios suyos, unos 412 mil 423 boletas de diferencia.

Una derrota electoral no debería causar tal pesar en un hombre joven con un futuro por delante, pero el rival con el que perdió fue su maestro, que le tendió la mano, su protegido, que lo arropó junto con su hermana Rosalinda, a su llegada al PRD, incluso participó activamente en 2003 en sus campañas, una para presidente municipal de Centro y otra para diputada federal.

Al final Gerardo se les salió de control, le arrebató a Rosalinda López Hernández la candidatura a la presidencia de Centro por el PRD, ocasionando que la hermana del ahora gobernador se fuera al Partido Verde de Roberto Madrazo, acción que fue tomada como una traición y lo confrontó con los López Hernández. También hay que decirlo: Núñez lo usó para no dejarla pasar y él se prestó.

Ahora Gaudiano acusa una embestida en su contra; olvida el acelerado «padawan» que está en la oposición y que la política es así; incluso le ha provocado cierta paranoia que se expresa al declarar públicamente que su equipo de trabajo está infiltrado.

Gerardo es terco, combativo, no se deja, es perseverante —siente que puede ser otro AMLO—. Se piensa tan joven que cree que si no es gobernador en 2024 será en 2030. A falta de cuadros jóvenes, él puede tener opciones, porque la clase política no se ha regenerado y todos se están haciendo viejos y reciclados, pero hoy ha equivocado la estrategia: no debió confrontarse con el gobernador, sino reconocer la derrota, alejarse y cuando sea el momento empezar a caminar para obtener lo que tiene clavado «entre ceja y ceja»: ser gobernador de Tabasco.

Pero antes tiene que bajar de velocidad, madurar, dejar de ver la política como negocio, cosa que se ve difícil pues ya ha sido tocado por la ambición desmedida. Su voracidad es lo malo.

 

 

«Entre dos

males

no elijas

ninguno»

CHARLES SPURGEON

 

 

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