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El Tabasqueño

VILLAHERMOSA CIUDAD CHATARRA

 

  • La única persona que la puede salvar es el gobernado
  • Distribuidores viales, necesarios, pero no resolverán el problema

 

A lo largo de trienios y sexenios, el municipio de Centro y, en par­ticular, Villahermosa, se ha convertido en una colección de obras faraónicas incompren­sibles, costosas en su elaboración y mantenimiento, que en nada han contribuido para mejorar la calidad de vida o enriquecimiento de la oferta de infraestructura turística.

Existe una marcada personalidad en los tabas­queños, reflejada manifiestamente en los políticos gobernantes, de hacer las cosas «a lo grande», aunque lo «grande» sirva para poco. En este pensamiento —arraigado en la psique choca—, el motivo principal o la utilidad de la obra se vuelven secundarios; lo que da el impulso es la majes­tuosidad de la construcción, amarrada con los contratos de quienes la realizarán.

Ejemplos hay muchos. Podemos cuestionar a Madrazo —«el Ciclón del Sureste»— quien en su decidida intención de «transformar» Villahermosa, derribó el 90 por ciento de los edificios públicos históricos para alzar nuevas y «majestuosas» construcciones que alojaran a los poderes legislativo y judicial.

O qué podemos pensar de la Ciudad Deporti­va gigantesca, pero subutilizada, desierta el 90 por ciento de las veces. Frecuentada por corre­dores, pero convertida en negocio de «escueli­tas» y ligas de futbol y béisbol, pero finalmente demasiado grande y concentrada para ser de utilidad completa.

Eso explicaría por qué Villahermosa, en vez de contar con un moderno y funcional Centro de Convenciones que atraiga ferias que dejen derramas económicas constantes, tiene un parque —hecho por el otro Madrazo— de 56 hectáreas de terreno y con tres gigantescas na­ves industriales, que el 98 por ciento del tiempo se encuentra cubierto de maleza y al que cada año se le invierten en promedio 5 millones de pesos en mantenimiento para usarlo dos o tres semanas que dure la feria estatal.

Otra obra de corte faraónico o romano: el Centro de Entretenimiento y Negocios del Ma­lecón (CENMA), construido por Andrés Granier en 2005, y avalado por el entonces gobernador Manuel Andrade, que costó 170 millones de pesos y que terminó convirtiéndose en una zona roja de antros y cantinas.

Sobre esta obra se construyó ¡otra nueva obra! llamada parque lineal «de recreación», que incluye equipos para hacer ejercicio, espa­cio que no es utilizado, pues la zona es insegura y en sus alrededores operaban —hasta antes de la pandemia— antros y cantinas.

En esta lista de extravagantes creaciones con cargo a la tesorería pública, hay una que bien podría ganar otro premio —ya lo hizo por su arquitectura—pero por su inutilidad: el puente peatonal de lujo, inaugurado en 2011 con un valor de 60 millones de pesos, bautizado como Museo Elevado de Villahermosa (MUSEVI), el cual después de varios intentos de ponerlo en marcha, se encuentra cerrado.

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Y mientras, las gestiones esenciales de la ciudad se han abandonado, provocando una «chatarri­zación» de Villahermosa, llena de baches que ya no solo se encuentran en colonias abandonadas sino que ahora los sufrimos en arterias princi­pales.

Esta «chatarrización» está a la vista de todos: semáforos oxidados y la señalética de vialidad. Cualquier automovilista que no conozca la ciu­dad se extraviará de inmediato pues todo aviso que identifica salidas, sentidos, rumbos a tomar, se encuentra borrado o cubierto de herrumbre. A eso hay que añadirle la falta de rayas separa­doras de carriles, los pasos de cebra, el mobilia­rio urbano en general.

La última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) realizada por el INEGI arroja que 96.8 por ciento de los villahermosinos identificó algún tipo de problema en la ciudad y los enlista de la siguiente manera: baches en calles y avenidas, 77.3 por ciento; alumbrado público insuficiente, 59.2 por ciento; fallas y fugas en el suministro de agua, 49.5 por ciento; colade­ras tapadas, 45.8 por ciento; parques y jardines descuidados, 41.5 por ciento; servicio de trans­porte público deficiente, 38.8 por ciento.

También existen dificultades con el drenaje, la falta de agua potable, rellenos de vasos regu­ladores que se siguen tolerando, al igual que los asentamientos humanos en terrenos bajos, falta de cementerios públicos, desigualdad económi­ca, pobreza y marginación.

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De acuerdo con políticos e historiadores consul­tados, el último periodo en el que la ciudad de Villahermosa recibió inversiones importantes fue en el gobierno de Leandro Rovirosa Wade (1977-1982). Con él se creó Tabasco 2000 con un gran centro administrativo de gobierno, el palacio municipal y convenientes fraccionamientos de interés medio.

También desarrolló pasos a desnivel, la amplia­ción de la avenida Gregorio Méndez e incluso un plan de desarrollo urbano a futuro, el cual Enrique González Pedrero hizo a un lado.

Después de Wade cada gobernador ha inten­tado dejarle una o dos obras a la ciudad: Gonzá­lez Pedrero hizo el parque Tomas Garrido y la biblioteca Pino Suárez; Roberto Madrazo dejó dos pasos a desnivel, el nuevo parque La Choca y una ampliación no terminada del periférico. Manuel Andrade el museo El Papagayo y Olimpia XXI; Núñez la remodelación del mercado Pino Suárez. Obritas por aquí y por allá, sin un plan rector.

El punto es que para sacar a Villahermosa de la «chatarrización» en la que se encuentra se requiere de un gobernador que sea a la vez un buen presi­dente municipal. Así les funcionó a Carlos Ma­drazo, Mario Trujillo y Leandro Rovirosa. Fueron buenos gobernadores-presidentes de Centro.

Quiero decir con claridad que Centro debe ser dirigido con una gran participación del Gobierno del Estado y del gobernador en particular, valo­rando que Villahermosa es una ciudad capital. La única persona que puede salvar a la ciudad es el Ejecutivo Estatal; no hay presidente municipal que pueda solo con esta urbe, y con un municipio tan demandante de atención y servicios.

Pero el Ayuntamiento mantiene una nómina gigantesca que le impide contar con los recursos para resolver sus problemas. El mayor reto que enfrenta es el de las finanzas debido al gran déficit que hay por la burocracia que emplea: más de seis mil trabajadores de confianza y sindicalizados.

Otro desafío es remendar el error cometido por Andrés Granier al solicitar la municipaliza­ción del Sistema de Agua Saneamiento (SAS), que nunca debió salir del control del Gobierno del Estado pues genera un altísimo gasto, subsidia el valor real del metro cúbico de agua y mantiene un rezago de cobranza elevado.

Los distribuidores de Universidad, Mina y Guayabal son necesarios para aliviar el pesado tráfico villahermosino, pero no resolverán los grandes problemas viales, además que contrasta con los semáforos fundidos y los postes oxidados y desde luego los baches. Si se trata de vender el rostro de una Villahermosa modernizada se requiere de una cirugía mayor.

Dicen que con el tiempo una persona se acos­tumbra a todo. Y al parecer ya nos acostumbra­mos a vivir en el enredo.

 

«Las instituciones

pasan por tres períodos:

el del servicio,

el de los privilegios

y el del abuso»

RENÉ DE CHATEAUBRIAND

 

 

 

 

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