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Opinión

El próximo presidente

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Naturalmente, la gran mayoría de los mexicanos quisiéramos saber quién será el próximo presidente de México. Es casi un deporte que vivimos cada que finaliza un sexenio. Cuando gobernaba el astuto de Ruiz Cortines, le hizo creer a muchos que su dedo se inclinaba por su entrañable amigo, Gilberto Flores Muñoz, alias ‘El Pollo’.

Un día llamó a su despacho al secretario de Hacienda y a su cercano amigo y dijo: Antonio (Antonio Carrillo Flores), quiero que el pollo esté limpio, por lo que viene. Y éstos, olvidando la astucia del viejo zorro, se la creyeron. A las pocas semanas, como sabemos, destapó a su tocayo López Mateos. Y es que el secreto de los antiguos presidentes era esconder el nombre de su sucesor. Con López Mateos, la candidatura de Díaz Ordaz fue clara desde el principio.

En el caso de Echeverría, el dedazo, el destape y la cargada fueron cuidadosamente construidas por el mismo Luisito como le decía don Gustavo. Después, se sabe, que Díaz Ordaz se arrepintió, pero ya era demasiado tarde. Donde sí se armó el merequetengue fue en el destape de López Portillo, pues toda la clase política estaba convencida de que el bueno sería Mario Moya Palencia. No se dieron cuenta de que no podía ser pues doña María Esther, la esposa del presidente, no podía ver ni en pintura a la señora Marcela Ibáñez, esposa de Moya.

Nunca se repuso don Mario del gran golpe recibido aquel 22 de septiembre de 1975 cuando el viejo líder charro de Fidel Velázquez, destapó a Don José López. Recuerdo que solo este servidor y Jaime Sastré, siempre supimos quién sería el sucesor de Echeverría. Con Miguel de la Madrid, no hubo mayores sorpresas. Siempre fue puntero. Luego llegó Carlos Salinas que tenía como su informante y protector en presidencia al poderoso secretario particular del presidente, Emilio Gamboa Patrón. Nuevamente Jaime y yo dimos en el blanco. Veníamos invictos desde Echeverría.

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