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El precio de la libertad

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Se paga un precio por todo en esta vida. Para tener algo, hay que dejar ir otras cosas, a esto se le conoce en negocios y estrategia como Trade offs, y debe uno ser muy consciente de ello. Por ejemplo, invertimos tiempo de nuestras vidas en el trabajo, y con ello contamos con el dinero y los medios para pagar nuestros gastos, sin hacernos realmente conscientes de que el tiempo es lo único que no se puede regresar en este mundo.

El precio de contar con libertad de expresión para todos, es que cualquiera puede decir lo que le plazca, en el momento que le parezca y desacreditar a quien sea, sin contar con ninguna calificación para ello. Hoy cualquier inepto puede hablarle de “tú a tú” a un premio Nobel, y el rebatirle o contestarle, se puede interpretar como intolerancia, discriminación, elitismo, racismo o arrogancia.

El precio que pagamos por la libertad de expresión es la proliferación de ignorantes orgullosos con iniciativa, y el tener que “incluir” a personas detestables y sin preparación, al debate de temas relevantes. En lugar de promover un intercambio de ideas hacia “arriba” lo llevamos hacia “abajo”, para que nadie se sienta ofendido. La libertad de defenderse y poseer un arma legalmente tiene como precio el ver niños muertos en escuelas.

Sociedades destrozadas en lo familiar, falta de valores y la glorificación de la violencia están generando muchachos con mucha ira reprimida que, a los 18 años, pueden entrar a una tienda de deportes con una identificación y comprar un arma de alto poder. La libertad elimina límites y con ello, nos estamos convirtiendo en esclavos de las drogas y vicios, los celulares, el deseo de la fama instantánea en redes sociales, a costa de lo que sea y la promoción de la estupidez humana. Ese derecho a ser libre para hacer lo que a uno se le dé la gana so pena de denunciar a los cuatro vientos ser víctima de opresión, nos está costando muy caro.

La ley existe para delimitar el actuar de todos los miembros de una sociedad, para garantizar el orden y la libertad. Ésta última gana terreno y eso debería ser algo muy positivo. Pero los seres humanos necesitamos límites y a riesgo de escucharme como un retrógrada, no veo ni que la libertad de expresión a como la hemos llevado, o la libertad para defenderse con un arma, estén respetando los derechos de terceros. Y en teoría eso debería suceder en un Estado de Derecho, en el cual tus límites están situados en donde tus actos afectan a los demás.

Las consecuencias de dejar hacer, dejar pasar.

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