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Analista

El poder de las armas

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Llevamos semanas con el debate nacional sobre la integración de la Guardia Nacional al Ejército Mexicano, bajo el argumento del gobierno de que es la única forma de profesionalizar a los elementos cuya responsabilidad es salvaguardar el orden en las calles, en apoyo a las policías estatales y municipales, que todos sabemos, carecen de absolutamente todo lo que se necesita para cumplir con su encomienda.

El argumento por un lado tiene sentido: solo bajo estándares militares de entrenamiento y disciplina se puede preparar a personas para enfrentarse al poder de fuego, preparación y organización con el que cuentan los cárteles del crimen organizado en nuestro país. Pero, está la otra cara de la moneda.

Y es que, sin lectura paralela ni interpelación posible, esto significa militarizar la tarea de la Guardia Nacional, que si se suma a todo lo que ha sido militarizado durante lo que va del sexenio, aduanas, obra pública y patrullaje en calles, se corre el riesgo histórico de crear un monstruo que después sea imposible de frenar. No se trata de estar a favor o en contra del régimen, ni de cuestionar lo que se hace desde el poder. La historia nos ha enseñado que los seres humanos somos corruptibles y que el poder enloquece.

Pero el poder absoluto enloquece absolutamente y en manos del ejército se corre el riesgo de enfrentar un golpe de Estado, donde las ideologías y la voz pasan a segundo plano ante el monopolio y predominio de las armas y los tanques. Cuando la milicia toma el poder las cosas cambian porque no hay contrapesos y lo que gobierna es la fuerza respaldada por el miedo. Esto no es descubrir el agua tibia, es la realidad histórica.

El poder dado tiene que ser arrebatado. Pero al Ejército no se le arrebata nada fácilmente, porque en sus miembros puede caber la ideología de patriotismo y servicio a la patria, pero no está permitido disentir ni incumplir órdenes. Entre sus filas no se debate, solo se acatan órdenes so pena de ser fusilado. La situación del país en materia de inseguridad es extrema. Las medidas de la misma índole parecen justificadas, el problema está en las consecuencias producto de la naturaleza humana.

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