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El perdón expresa el amor de los esposos

Cuando San Pedro le pregunta a Je­sús cuántas veces tiene que perdo­nar, el Señor le responde que hasta setenta veces siete (Mt 18,21-22). Con lo cual le quiere decir, siempre tienes que hacerlo. Es hasta cierto punto normal que un hombre y una mujer cuando se encuentran se fijen casi exclusivamente en los atracti­vos, en aquellos rasgos positivos de su personalidad y conforme va au­mentando el amor, se va ocultando la realidad de los defectos y se llega a la idealización de la persona, por eso cuando en la vida matrimonial aparecen los defectos y carencias de uno y otro, surge la inconformi­dad y hasta la desilusión; no falta­rán motivos para enojarse, discutir y quizá llegar a ofenderse.

En muchos casos, también cuan­do se da la infidelidad de uno de los dos, que hiere profundamente al cónyuge ofendido, pareciera que ya todo se ha terminado, pues la falta cometida le hace pensar que han dejado de amarse. Se dejan de hablar, hay reproches, recla­mos y hasta separación física y se van guardando resentimientos y odios que, en momentos posterio­res, vuelven a surgir y entorpecen la relación amorosa y de confianza de los esposos.

Estas faltas al amor dejan heri­das a veces muy complicadas para sanar, dependiendo muchas veces de la percepción del o la ofendida. En estos y en muchos momentos de la vida matrimonial se necesi­ta el perdón, llegar a comprender y aceptar que ninguno de los dos es perfecto, que ambos tienen una historia personal muy rica proba­blemente en valores, cualidades y capacidades, pero nunca exenta de defectos y carencias, o incluso vicios. Hace falta que la o él ofen­dido entienda que tal vez había realizado una falsa idealización de su cónyuge, olvidándose que es un ser humano y que solo Dios es per­fecto, solo Él es el que nunca falla

Ciertamente una esposa o un esposo que guarda odios y resen­timientos en su corazón, se hace daño a sí mismo, no logra tener la paz, ni mucho menos ser feliz. Es­te tiempo de permanecer en la casa, para detener los contagios de esta enfermedad, es también el espacio favorable para alcanzar la salud del corazón por medio del perdón de las ofensas. Nunca conviertas tu cora­zón, creado para amar, en una bo­dega de odios que infecta tu vida, te enferma y te conduce a la muerte.

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