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Columnistas

 El perdón en la familia

En todas las familias se sufre decepción y también se su­fren heridas. Se da entre hermanos, de padres a hijos o vi­ceversa; en algunas ocasiones esto provoca la ruptura del seno familiar, manteniendo para toda la vida el enojo, en­cono y resentimiento. Pero esta no es la manera en cómo debiéramos de vivir, más bien nuestros hogares, deben estar llenos de perdón y del deseo manifiesto de que na­da nos va distanciar.

El perdón no lo otorgamos porque la otra persona ha­ya cambiado, perdono para recobrar mi salud emocional y así dejar de vivir como esclavo del pasado.

El perdón es la decisión de romper la lista de las acusa­ciones. El fruto del perdón se dá cuando pienso en lo que ocurrió, y me doy cuenta de que ya no duele, y soy libre. Se requiere voluntad, decisión y perseverancia para sos­tener el perdón en el tiempo, porque es un proceso.

Ante la ofensa, traición y la desilusión, el perdón es la única forma de sanar la herida y recobrar nuestra capaci­dad de amar. Es lo que nos permite restaurar la relación, facilitar el reencuentro, y recobrar armonía en la familia.

Nadie dijo que sería fácil vivir en familia, pero si in­sistimos en amarnos tal cual somos, nos aceptamos con nuestras virtudes y defectos, y decidimos que nada nos separará, algo extraordinario pasará en casa y Dios ben­decirá a la familia.

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