Síguenos

¿Qué estás buscando?

Columnistas

El pastoreo en la familia

Este domingo leímos en nuestras familias el capítulo 10 del Evan­gelio de San Juan, que nos pre­senta la figura de Cristo como el Buen Pastor que es el dueño de las ovejas, que las cuida, les busca buen alimento y agua fresca, las defiende de los lobos rapaces, va por delante y da la vida por ellas.

Desde el Antiguo Testamen­to ya se hablaba de esta relación de Dios con su pueblo. Se expresa la cercanía amorosa de un Dios que no es indiferente o ajeno a las necesidades del ser humano, que tiene su mirada y sus oídos aten­tos cuando su gente sufre y tiene problemas o dificultades en la vi­da. Por eso Jesús en el Evangelio manifiesta esa cercanía y mise­ricordia cuando habla, cuando ve llorar a la viuda que lleva a enterrar a su hijo único, cuan­do salva a la mujer de que la ma­ten a pedradas, cuando pide a sus discípulos dejar que los niños se acerquen a Él, cuando sana a los enfermos.

Este pastoreo es el que tie­ne que realizar cada papá y cada mamá en el seno de su familia. El ejemplo se adecúa a su hogar, ya que cada familia necesita una buena y correcta conducción, necesita alimento, no exclusi­vamente el material, también alimento moral, espiritual; ne­cesita vigilar, pues también abundan los lobos rapaces que pretender acabar con la institu­ción familiar y devorar a los ni­ños y a los jóvenes. La familia necesita también un buen am­biente de escucha, de diálogo y de orientación, de crecimiento espi­ritual en la fe.

Los padres de familia debe­rán estar atentos a las intencio­nes de los lobos rapaces, aquellas personas ajenas o ideologías per­versas que quieren formar una mentalidad deforme en la niñez y en la juventud por medio de las lecturas, de canciones, de pro­gramas en los medios de comu­nicación o en las redes sociales. Es importante la revisión per­manente de todo lo que entra en la casa, así como ahora cuida­mos de que no entre el virus en el hogar. Hay que aprovechar esta cuarentena para enriquecer esta cercanía de los padres a sus hijos y nunca olvidar que ser un buen padre o una buena madre siem­pre será dar la vida en plenitud; al final de sus vidas experimentar la satisfacción de haber cumpli­do como buenos pastores a seme­janza del Dios en quien creemos.

Te puede interesar

Advertisement