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Achirica gustaba de salir a pasear por la Plaza de Armas, acompañado de su mamá.

‘El gran Achirica’: A 39 años de su partida

Humberto de Achirica de Aguilar, tabasqueño de alta alcurnia, un personaje inolvidable.

TABASCO.- Treinta y nueve años tiene que se fue. ¿Lo hemos olvidado? No. Esos personajes no conocen el olvido permanecen aunque sean invisibles. Permanecen por que fueron buenos. Permanecen por que fueron ejemplos de dignidad y rectitud.

Todos los días, por las tardes aquellas de la vieja Villahermosa, salía de su modesta casa del bra­zo de su mamá, a tomar un hela­do al centro. Impecable. Altivo, amable, seguro de sí mismo. Lo veo en mi imaginación y me con­muevo. Su celebridad contempló una época.

Dice el inolvidable Totosaus (¿Dónde andas hermano queri­do? Salúdame a Frías Cerino si lo ves) que “se autonombraba almi­rante, Lord Vitalicio comandante de la tercera guerra mundial, Co­mandante de la marina nacional e inventor de armas tan sofisti­cadas como el cohete con alcance de 90 mil kilómetros. Pero tenía el titulo más preciado, y como si tuviera miedo de que se lo arre­bataran nunca lo dijo: el de héroe.

Porque jamás conoció la men­dicidad, siempre vivió con toda la quijotesca dignidad y señorío que su visión del mundo le confirió.”

Humberto Achirica De Agui­lar. Tabasqueño de alta alcurnia espiritual. Las condecoraciones se herrumbraron y se acabó su mundo. Pero nosotros lo abraza­mos, lo recordamos. Lo aplaudi­mos. Está en el paraíso. El tercer CIELO.