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El general no tiene quien le escriba

El ahora preso en Estados Unidos, Salvador Cienfuegos, le en­tró a los negocios con la Primera Dama y emprendió los suyos.

CIUDAD DE MÉXICO.- No todo el sector castrense, y menos el Presidente, creyeron a pie juntillas el escándalo es­tadunidense por el arresto del general Salvador Cienfuegos. Era patente, aun para los me­nos entendidos, que todo obe­deció a una ocurrencia electo­rera reeleccionista de Trump y a los intereses reales de Was­hington de su estrategia contra el narcotráfico: no terminarlo. ¿Por qué? Porque sus más de 120 millones de adictos y con­sumidores se quedarían sin droga y la violencia ganaría las calles gringas.

López Obrador supo al ins­tante de qué se trataba. Aun­que Washington dijera que desde hace diez años investi­gaba las actividades rutinarias de Cienfuegos, el asunto era que el exsecretario –lo tenía completamente confirmado el Presidente– no había he­cho nada que sus antecesores no hubiesen hecho. Todo era una ocurrencia electoral de Trump; y otra de las manio­bras perversas de la justicia estadunidense, que busca sólo el control y no el fin del narco­tráfico. Más ahora que el nar­comenudeo en las ciudades estadunidenses está controla­do por los cárteles mexicanos, que han desplazado a los gru­pos locales controlados por las diferentes policías de la Unión Americana.

Desde que se enteró le pare­ció extraño que la DEA acusara al exsecretario de la Defensa, de asociarse con un grupo delictivo que no llegó nunca a ser un verdadero cártel que ni siquiera aparecía en las eva­luaciones anuales de la agencia antinarcóticos, pues sólo re­presentaba una banda pequeña de traficantes, cuyo líder Juan Francisco Patrón Sánchez, El H2, fue abatido en un operati­vo de la Marina en la capital de Nayarit en febrero de 2017. Lo extraordinario del caso, es que fue muerto en una operación con helicóptero y armas de alto poder que no se habían usado contra otros capos.

ENTRE CÓMPLICES…

El hecho es que el general Ci­enfuegos puede ser senten­ciado a cadena perpetua, des­pués de haber sido el segundo hombre fuerte de las Fuerzas Armadas en México, atrás del comandante supremo, el pre­sidente Peña Nieto.

De nada le sirvió todo el dinero repartido entre los entorchados corruptos, si la protección principal, la de los políticos que lo apapacharon –principalmente Peña Nieto–, ha desaparecido; ya nadie le escribe, ya no son sus amigos, sus cómplices.

Lo dejaron solo. Y eso es la premonición de que todos ellos también estarán solos cuando caigan. Porque caerán, como lo ha adelantado el pre­sidente López Obrador. Es, se podría decir, la amarga reali­dad de que entre cómplices no hay solidaridad. Quienes an­dan en esas andanzas ahora lo saben: el que cae, cae solo. Por­que ante el jefe supremo, si no lo son, al menos deben aparen­tar que son honestos, probos.

 

LA LEYENDA NEGRA

Hoy que está en desgracia, se aviva la leyenda terrible del general Cienfuegos, la cual re­fiere que jefaturaba la protec­ción y el blindaje a los capos; asesinaba en Tlatlaya, Tanhua­to, Ayotzinapa y sabrá Dios en cuántos poblados más; encu­bría las desapariciones forza­das, actuaba extrajudicialmen­te, encubría todo aquello que se salía del control del presidente Peña Nieto; le entraba a los ne­gocios de La Primera Dama, y emprendió los propios a través de su hija y de su yerno, entre otras linduras.

Leyenda o negra realidad que ha puesto en entredicho el honor militar y avergüenza a los mandos medios y altos de la milicia, de la tropa toda que con casta secundan a su jefe máximo: el presidente Andrés Manuel López Obrador:

–Si está acusado de interve­nir en delitos de narcotráfico, de lavado de dinero y asesina­tos en masa, que le apliquen la ley con todo el rigor que se me­rece.

El Presidente López Obra­dor, ayer mismo insistió:

–Las Fuerzas Armadas son una institución importantí­sima para garantizar la paz y tranquilidad en el país.

Pero aclaró que en caso de que se demuestre la culpabili­dad del exsecretario Cienfue­gos, se le debe de castigar, lo mismo que a todos aquellos que estén involucrados en este caso, pues no debe de haber impunidad.

–Nosotros no vamos a ser tapadera de nadie.

(Continuará)

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