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El deleite sin sentido (I)

Los seres humanos poseemos una inteligencia que es luz para medir, calcular, prever situaciones en la vida, descubrir las ventajas y desventajas de nues­tras decisiones, medir los peligros y consecuencias de nuestros actos.

El uso de esta capacidad humana de pensar es de suma importancia en el desenvolvimiento de nuestra vida. Pero el mismo ser humano tiene también los sen­tidos corporales, sentimientos y emociones, junto con sus instintos, los cuales son ciegos, a diferencia de la in­teligencia que ilumina. Los sentimientos y emociones son fuerzas para actuar, siempre y cuando son guiados por la luz de la inteligencia, así se logra que nuestras decisiones estén bien pensadas y podamos también vislumbrar las consecuencias que se deriven.

Actualmente existe un estilo de vivir al que se le conoce como hedonismo y quiere decir que mu­cha gente para realizar sus acciones, ya no bus­quen las razones profundas, es como si hicieran a un lado su inteligencia y más bien hacer aquello que más les proporciona placer, confort, deleite de los sentidos, se da rienda suelta a los instin­tos, sin importar las consecuencias de sus actos. De acuerdo con este estilo de vida lo importante es sentirse a gusto en el momento sin importar si aquello es bueno o es verdad, se trata de gozar la vida, darle al cuerpo lo que pide, obedecer a los instintos, dejarse llevar por las emociones.

De esta manera, la moral tradicional ya no tie­ne validez, ahora cada persona o un grupo es quien decide lo que es bueno o lo que es malo, por lo tanto lo bueno es aquello que me hace disfrutar, que me proporciona deleite y lo malo, aquello que no me gusta. Como consecuencia con esta forma de ver y realizar la actividad humana en el mundo, quedan a un lado el sentido del sufrimiento, del esfuerzo, del sacrificio, de la renuncia, de la lucha por con­quistar mejores condiciones en la vida.

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