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‘El covid sacudió mi vida y cambié mis prioridades’: Margarita Gralia

La actriz se sintió derrumbada, pero junto a su esposo Ariel Blanco, también infectado, convirtió días de pesadilla en aprendizaje.

Un verdadero infierno es el que vivieron la actriz de Mirada de Mujer, Margarita Gralia y su es­poso Ariel Blanco, con quien lle­va 46 años casada, luego de que en marzo pasado fueron hospita­lizados en un reconocido hospi­tal al sur de la Ciudad de México (CDMX), por resultar positivos de Covid-19.

Desde ese instante la vida de la artista, de 65 años, se convirtió en una pesadilla, estuvo internada 15 días, en los cuales tuvo que sopor­tar dolores de cabeza, cansancio y falta de apetito. Eso sin contar con la angustia que le provocaba saber que su esposo estaba más grave que ella, en otra cama en el mismo hospital.

 

—Cómo se siente tras haber vencido el Covid-19?

Estamos muy bien mi esposo Ariel y yo, estamos bien gracias a Dios, recuperadísimos. Yo le digo a las personas que no deben bajar los brazos, deben seguir las ins­trucciones de los médicos.

Claro que se puede salir de esta, nosotros somos la prueba. Mi es­poso estuvo bastante delicado, sin embargo salió bien librado.

Conozco gente, e incluso, fami­liares míos en Nueva York, en los Estados Unidos, que han estado muy mal y han salido adelante.

Claro que se puede salir de esta, nosotros somos la prueba.

 

—¿De qué forma se contagió?

Me di cuenta de que tenía el vi­rus por los síntomas tan terribles, tenía un dolor de cabeza muy fuer­te a la altura de los ojos y cansan­cio, a mi esposo le empezó a dar una falta de apetito y eso fue lo que detonó todo cuando estábamos en San Miguel de Allende.

El virus te cierra el apetito y te altera el sabor. Ya en la Ciudad de México, en dos días Ariel se fue para abajo, le hicieron una prue­ba de sangre, que salió como que tenía una infección importante que podía ser una neumonía y nos mandaron al hospital.

Llegamos y lo primero que nos hicieron fue sacarnos una tomo­grafía y ahí es dónde salimos posi­tivos. El tema de la fiebre es relati­vo, porque de entrada el infectado puede no tener fiebre.

Sin embargo, cada vez se van agregando más sintomatologías, por ejemplo, una diarrea puede ser un síntoma, tos sola puede ser un factor o la falta de olfato… son muchos factores. Es muy impor­tante que la gente no se auto me­dique.

De un instante para el otro la vida te sacude y las prioridades cambian.

 

—¿Fue un duro golpe saber que estaban infectados?

Fue preocupante, algo inespe­rado que te derrumba en un prin­cipio, pero al mismo tiempo te hace reaccionar, nos encomenda­mos mucho a Dios porque somos creyentes, sinceramente fue un trago amargo.

De inmediato nos pusimos en manos del médico, nos interna­ron… fueron días de mucho apren­dizaje.

 

—¿Celebraron su salida del hospital?

Sólo dimos gracias a Dios.

Salimos de la casa y no lo po­díamos creer. Regresamos con toda las precauciones a casa, senti que estaba en el paraíso.

Después de estar 15 días en el hospital y de tener la primera semana muy angustiada, cuan­do entré a la casa lo vi todo tan hermoso, ahora valoro cada uno de los detalles de la vida.

Aquí estamos desde enton­ces, como todo el mundo, ence­rrados.

Nosotros ya estamos cura­dos, en teoría ya no nos daría otra vez, pero como de este virus todavía se está aprendiendo, de­cidimos tomar medidas más ex­tremas para cuidarnos en casa.

 

—Tras su experiencia, ¿cuál es el mensaje al público?

La gente tiene que aprender a cuidarse, pero para siempre. Para empezar, la gente debe entender que esto es una realidad, que el virus existe, nada de que es men­tira, hay que aprender de esta ex­periencia.

Mi obligación es decirle a la gente que aprendan a cuidarse, yo sé que podemos salir adelante y es urgente que la gente tome con­ciencia para que podamos reacti­var nuestra economía del país. Las medidas de cuidado son cotidia­nas, deben de extremarlas.

No vamos a poder reactivar la economía, no vamos a poder abrir las puertas al turismo, no vamos a poder abrir los restaurantes, los centros comerciales… si la gente no muestra mayor compromiso con su cuidado personal.

Debemos seguir las conductas adecuadas de sana distancia, del excesivo lavado de manos y de la protección en la cara, si se hiciera todo esto el contagio sería mínimo. Hay que aprender a cuidarnos to­dos para que esto pronto termine.