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Director Miguel Cantón Zetina
JORGE ALBERTO CONDE DE LA ROSA

“El Covid me hizo pensar en el suicidio, pero Dios me libró”

“Mi oxigenación bajó a 76 por ciento. No podía respirar, vi la muerte cerca. Me arrodillé, oré, pedí mucho a Dios que ya terminara con mi agonía”.

VILLAHERMOSA. Jorge Alberto Conde de la Rosa es un claro ejem­plo de una persona con fe.

Se contagió de Coronavirus, tuvo momentos de agonía que lo llevaron a pensar, como última al­ternativa, en el suicidio.

Sin embargo se armó de valor, oró y pidió a Dios que lo librara. Hoy es un vencedor que comparte su historia con los lectores de Gru­po Cantón.

Acepta que cometió el error de no acudir a algunos de los hospita­les Covid cuando su oxigenaicón bajó hasta 76 por ciento.

Pero también afirma estar con­tento de que siempre contó con el amor de su familia, amigos, médi­cos, que no escatimaron en darle los ánimos para enfrentar la enfer­medad que lo mantenía en un hilo entre la vida y la muerte.

Hoy siente que tuvo una segun­da oportunidad de vida.

 

¿Qué se siente ser un paciente Covid?

Al principio no sabía que era Co­vid; los médicos me dijeron que se trataba de dengue, porque sabe­mos que con la llegada de las llu­vias se incrementan los mosquitos y se elevan los casos.

Pero no me parecía normal que tuvieran temperatura arriba de los 38 grados por seis días.

Diez días antes todavía podía dormir, pero después con la tem­peratura y los dolores de cabeza era imposible que lo lograra.

No le tomé importancia hasta que tuve sudor en las noches como si me tiraran agua.

Yo no perdí el gusto ni el olor; estuve con tos durante dos días, pero era muy poco.

Al día número ocho de sentir los primeros síntomas, tuve difi­cultad para respirar: tuve que apo­yarme con oxígeno.

Fueron 28 días en total apoyán­dome con oxígeno artificial, para ese entonces no me daba hambre.

Honestamente pasé 19 días sin comer, solamente tomaba suero oral; como soy diabético tuve miedo de que la enfermedad empeorara.

 

¿Dónde te contagiaste?

Creo que me contagié en mi trabajo, en el Servicio Médico Forense. Aunque tenemos to­dos los cuidados y equipo, se­guramente cometí algún error.

No salía de mi casa; sólo iba al súper una vez por mes; era muy cuidadoso, pero a pesar de todas las medidas, me contagié.

 

¿Te hospitalizaste?

No me hospitalicé por miedo y porque también no quería saturar los hospitales más de lo que ya estaban.

Mi oxigenación bajó hasta 76 por ciento. No podía res­pirar, vi la muerte cerca, pero me ayudaron compañeros médicos.

Es una bendición que me hayan ayudado, si no, muy di­fícilmente estaría contando esta historia.

Afortunadamente ahora hay más espacios en los dife­rentes hospitales Covid. Las personas deben acudir si sienten que en casa no podrán enfrentar la enfermedad o si su estado de salud empeora.

 

¿Cómo venciste al Covid?

Tomé varios tipos de tés; tam­bién los medicamentos Ibupro­feno, Dexametasona inyectada, Teofilina, Prednisona, Clinda­micina, Pantoprazol y medicina herbolaria, además de jarabes homeopáticos. Así estuve mes y medio.

También lo vencí con mucha fe, pensado en las ganas de vivir, porque siempre sentí el amor de mi familia, hermanos, amigos, compañeros.

Pensé en el suicidio, pero me arrodillé, oré, pedí mucho a Dios que ya terminara con mi agonía.

Pero, sabes, Dios tiene para cada uno un propósito; el mío era continuar viviendo para hacer su voluntad.

La enfermedad me hizo per­der 14 kilos; estuve un mes en un cuarto sin poder sentarme ni ir al baño.

No tuve fuerzas para nada por la agonía diaria de no poder res­pirar. Los ataques de ansiedad me invadían, pero Dios me escu­chó, desde ahí todo fue mejoran­do hasta el día de hoy. Quedé con una neumonía la cual ya está cu­rada y soy negativo al Covid.

 

¿Qué mensaje les darías a las personas?

Según yo, llevaba todo al pie de la le­tra en cuanto a las medidas de pre­vención. Jamás pensé que podría contagiarme, hasta que me ocurrió.

No fue fácil para mí, pero creo que Dios me dio valor y me aferré a luchar contra la enfermedad, porque creo en un Dios vivo, que quizás no lo vemos, pero pode­mos sentirlo en nuestro interior.

Por eso, en primero lugar, debemos tener fe, de creer que cuando parece que todo está per­dido, aún hay esperanzas.

En segundo lugar, no cometan el error de no ir hospital.

Yo no fui porque tenía miedo, porque no quería saturar los hos­pitales, porque tenía médicos a mi lado, pero era necesario que fuera. Afortunadamente no pasó a más y me estoy recuperando.